El lamento de Dor-lómin

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frutos prohibidos…

frutos prohibidos

Como la piel de un fruto, suave…

Como la piel de un fruto, suave
a la amenaza de los dientes,
iluminada, alegre casi,
ibas camino de la muerte.

La vida estaba en todas partes:
en tu cabello, sobre el césped,
sobre la tierra que añorabas,
sobre los chopos,  por tu frente…

Todo pasó, tal un verano,
sobre tu carne pura y breve.
Como la piel de un fruto, ¡eras
tan olorosa y atrayente!

José Agustín Goytisolo

 


Terpsícores…

Terpsicores

Alianza

Un bosque entero ha regresado desde tu nuca
esta noche, lo he visto conciliador,
amigo, decididamente a favor
de lo posible, tú dormías
tras la severidad de las últimas jornadas.
No quise despertarte, me refresqué en tu pulso.
Las señales parecen indudables:
podemos auxiliar a tiempo, juntos,
al número dos de dios, al tres, a otros acaso.
Ahora es sazón de no olvidar los sueños.

2
Hueles
tan bien. Hay miel como hay sudor,
hay trigo y tierra. Yo lo veo y lo oigo resonante,
tan bien. Sabes tan bien gozar.
Preservas tanto instinto de la flor a la fruta.
Yo lo veo y lo oigo y te respiro y otra vez
te tomo abierta en nuestra mesa de viento.

3
He soñado
la salvación de tu sudor

defiendo
nuestra intimidad común
ante los estragos de este cielo sangriento

recibo
en la libertad de tu cuerpo marcado
la ligera prosodia del placer

he soñado
la salvación de tu sudor.

4
Luego en el filo de la sombra
bailas
iluminada por blanca lentitud, bellísima,
tajantemente viva, sabiendo en todos los poros
y en todas las arrugas del placer,
que es bien cierta la muerte, mas sólo empieza mañana.

Jorge Riechmann


(des)vestidos…

desvestidos

Entre yo y la muerte

                                                              para la música de Jimmy Blanton:
                                                              SOPHISTICATED LADY; BODY AND SOUL

Un fervor te abrasa a veces,
Y tú te inclinas ante él, silenciosa,
Cruel y tímida, y a veces
Estás loca de miedo
Y tu desesperación es contagiosa.
La mayor parte del tiempo nos escondemos en nuestros refugios,
Protegiendo nuestros humores, pretendiendo
Que nuestros vendajes son nuestras heridas.
Pero a veces la rueda del cambio se detiene;
La ilusión se desvanece en paz;
Y de pronto el orgullo ilumina tu carne –
Lúcida como el diamante, sabia como la perla –
Y tu cara, remota, absoluta,
Perfecta y final como la de una bestia.
Es maravilloso mirarte,
Una mujer viva en una habitación
Llena de gente frenética y estéril,
Y pensar en tu encorvado trasero
Bajo tu vestido de terciopelo,
Y el hermoso fuego expandiéndose
Desde tu sexo, quemando la carne y el hueso,
Los increíblemente complejos
Tejidos de tu cerebro vivos
Bajo tu rizado, espléndido pelo.

* * *

Me gusta imaginarte desnuda.
Pongo tu cuerpo desnudo
Entre yo y la muerte.
Si me pongo a pensar
Y prendo fuego a tus dulces pezones
Hasta los tendones bajo tus rodillas,
Puedo ver muy lejos a través de tu cuerpo.
Lo que miro está vacío,
Pero al menos está iluminado.

Sé cómo tus hombros relucen,
Cómo tu rostro cae en trance,
Y tus ojos se ponen como los de un sonámbulo,
Y tus labios de mujer
Que es cruel consigo misma.
                Me gusta
Imaginarte vestida, tu cuerpo
Cerrado al mundo y contenido,
Su maravillosa arrogancia
Que hace que todas las mujeres te envidien.
Puedo recordar cada vestido,
Cada uno más orgulloso que una monja desnuda.
Cuando me voy a dormir mis ojos
Se cierran en una red de memoria.
Su nube de íntimo olor
Sueña en vez de mí.

Kenneth Rexroth
Versión de Marcelo Pellegrini y Armando Roa Vidal


amantes…

amantes

Las campanas

Entre el rumor de las campanas,
bella gitana, amante y mía,
nos amamos perdidamente
y nadie, nadie, nos veía.

Olvidamos que las campanas,
asomadas al campanario,
nos vieron, ay, y noche y día
se lo cuentan al vecindario.

Mañana Pedro y Catalina,
el panadero y su mujer,
Juan y María Golondrina,
mi amiga Luz, mi prima Ester,

sonreirán, de cierta manera…
Yo no sabré dónde meterme…
Tú estarás lejos… Lloraré…
Y hasta es posible que me muera…

Guillaume Apollinaire
Versión de Eduardo Carranza

 


símbolos…

símbolos

Arte Poética

Mirar el río hecho de tiempo y agua
y recordar que el tiempo es otro río,
saber que nos perdemos como el río
y que los rostros pasan como el agua.

Sentir que la vigilia es otro sueño
que sueña no soñar y que la muerte
que teme nuestra carne es esa muerte
de cada noche, que se llama sueño.

Ver en el día o en el año un símbolo
de los días del hombre y de sus años,
convertir el ultraje de los años
en una música, un rumor y un símbolo,

ver en la muerte el sueño, en el ocaso
un triste oro, tal es la poesía
que es inmortal y pobre. La poesía
vuelve como la aurora y el ocaso.

A veces en las tardes una cara
nos mira desde el fondo de un espejo;
el arte debe ser como ese espejo
que nos revela nuestra propia cara.

Cuentan que Ulises, harto de prodigios,
lloró de amor al divisar su Ítaca
verde y humilde. El arte es esa Ítaca
de verde eternidad, no de prodigios.

También es como el río interminable
que pasa y queda y es cristal de un mismo
Heráclito inconstante, que es el mismo
y es otro, como el río interminable.

Jorge Luis Borges (1961)

 


finales…

finales

 

 

Vivir

Lleva el placer al dolor
y el dolor lleva al placer;
¡vivir no es más que correr
eternamente alrededor
de la esfinge del amor!

Esfinge de forma rara
que no deja ver la cara…;
más yo la he visto en secreto,
y es la esfinge un esqueleto
y el amor en muerte para.

Ángel Ganivet

 


batallas

batallas

Amantes

Ascendente marea creciendo en lenta fiebre
los amantes se buscan y enlazan dulcemente,
como árboles que avanzan,
cumpliendo su destino de incendiada epidermis.
De pie son dos espadas que luchan tercamente
por distraer la muerte,
tendidos son dos ríos fluyendo hacia el instante
que anula la sellada consigna del olvido.

Y si el mundo, impaciente,
se sale de sus goznes, estalla o se disuelve,
los amantes lo ignoran, apenas necesitan
el canto de su sangre,
su vida recobrada en húmedas batallas
y las pequeñas muertes en cada despedida.

Flor Alba Uribe

 


danzas…

danzasBailarina…

Bailarina
nupcial
de la habitación de los ciegos
concibes tú
lejanos días de creación
ansiedad creciente.

Con tu cuerpo de calles de música
paces el aire
allí
donde el globo terráqueo
busca nueva entrada
hacia el nacimiento.

A través
de lava nocturna
como párpados que se desatan
en silencio
parpadea el grito primerizo
de los volcanes de la creación.
En el ramaje de tus miembros
construyen las sospechas
sus gorjeantes nidos.

Como una que ordeña
en el crepúsculo
tiran las puntas de tus dedos
de las fuentes ocultas
de la luz
hasta que tú perforada
por el martirio de la tarde
entregas
la luna de tus ojos
a la vigilia.

Bailarina
puérpera que gira
tú sola
llevas oculto cordón umbilical
en tu cuerpo
legadas al Dios joyas gemelas
de muerte y nacimiento.

Nelly Sachs
Versión de Javier Tubía

 


nostalgias…

nostalgias

Trasmundo

Más allá del deseo y su luz torpe,
más allá de la risa, al otro lado
de ese instante sin tiempo o la nostalgia,
lejos de la razón, de la locura,
más allá de mí mismo, de la vida,
tan inútil, tan vieja conocida,
más allá de estos sueños, de esta muerte:
tras de la sombra en llamas de tus ojos.

Abelardo Linares
De “Espejos”

 


reencuentros…

reencuentros

 

Allá

Si acaso al otro lado de la vida
otra vez, por azar, nos encontramos,
¿se reconocerán nuestras miradas
o seremos tan sólo un par de extraños?

De todos modos te amaré lo mismo.
Juntos. O separados.

Meira Delmar