El lamento de Dor-lómin

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incomunicaciones…

incomunicaciones

Mis versos, escritos tan temprano…

Mis versos, escritos tan temprano
que no sabía aún que era poeta,
inquietos como gotas de una fuente,
como chispas de un cometa,

lanzados como ágiles diablillos al asalto
del santuario donde todo es sueño e incienso,
mis versos de juventud y de muerte
-¡mis versos, que nadie lee!-,

en el polvo de los estantes dispersos
-¡que ninguna mano toca!-,
como vinos preciosos, mis versos
también tendrán su hora.

Marina Tsvetáieva
Versión de Severo Sarduy

 

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secretos…

secretos

Canción del recuerdo intacto

Sólo tú, verdadero, ningún dolor me diste.
Tu regalo perfecto no cabía en mis manos:
era el ramo fragante, el vino de alegría
y la espiga madura para el pan cotidiano.

Sólo tú adivinaste el motivo secreto
que doblaba mi vida en curva de fracaso;
sólo tú me dijiste la palabra de aliento
que me mantiene recta a través de los años.

Por camino de sombras y vueltas de peligro
tu pie, firme y valiente, perseguía mis pasos.
¡Oh saltador de abismos, distancias y barreras!
¿Quién detuvo el impulso de tu amor obstinado?

Para saber quererme afinaste el sentido
volviendo suave y dulce lo violento y lo amargo.
Para alcanzar mi ensueño abriste alas veloces;
para poder copiarme fuiste un espejo claro.

Ardía en tus pupilas hoguera de fulgores,
se enredaba en tu lengua el arpegio de un canto,
y mecido en tus brazos, como un niño pequeño,
dormía sin temores mi corazón cansado.

Todos los que me amaron algún dolor me dieron
y todos los que amé un dolor me dejaron;
sólo tú me alegraste como un día de fiesta;
sólo el momento tuyo fue perfecto regalo.

Por eso, en hora quieta, en el pecho se esponja
el beso de ternura que revienta en los labios:
¡Música errante y vaga, azul de lejanía
lucero del silencio en lágrimas cuajado!

Claudia Lars
de “Canción redonda”

 


sigilos…

sigilos

XXII Me vienes con las manos germinadas…

Me vienes con las manos germinadas
y pétalos de amor entre los dedos,
sin nombre y sin ayer, con la sonrisa
nevada entre los labios de verano.
Me vienes de la luz y traes contigo
el mosto de la piel y frescas uvas
que al mueso de tu carne se revientan.
Hay agua de jazmín en tu saliva
y cielo en el olvido de tus ojos.
Tú llegas hacia mí, pisando nubes,
borrando la memoria con los brazos,
luchando como ángel con la muerte
que observa sigilosa tras los vidrios.
No queda soledad en los visillos
ni oscuros alfileres de ceniza
que puedan destrozar la primavera.
Miremos más allá de los espejos,
al cielo de alas blancas y espumosas
que hay sobre las olas de los puertos.

Juan José Vélez Otero
De “Panorama desde el ático”

 


aéreos…

aereos

Deslumbramiento por el deseo

Instantáneo relámpago
tu aparición
Te asomas súbitamente
en un vértigo de fuego y música
por donde desapareces

Deslumbras mis ojos
y quedas en el aire

Raúl Gómez Jattin

 


luces…

luces

 

Iluminación

El alma existe.
Y huele
a sales y calor,
lleva un silbido impuro,
arde como la menta
y se pliega y se ciñe
a tu vientre.

Andrés Neuman
De “El Tobogán”

 


tres eran tres…

tres mujeres desnudas Edin Morales

Primaveral

Un muro de cristal. Detrás de él están sentadas
tres muchachas desnudas. Un hombre
sube la escalera. Van apareciendo uno a uno,
rítmicamente, sus talones desnudos, manchados
de polvo rojo. Al rato
el resol, silencioso, miope, cubre
el jardín entero; y se oye
cómo se raja el muro de cristal de arriba abajo
por obra de un gran diamante secreto e invisible.

Yannis Ritsos
De “Testimonios II y III”
Versión de Román Bermejo

 


apariciones…

apariciones

Ella era un fantasma del deleite

Ella era un fantasma del deleite
cuando por vez primera la vi,
ante mis ojos resplandeciente:
una adorable aparición enviada;
para adornar un instante;
Sus ojos eran como estrellas del crepúsculo,
Y del ocaso también sus cabellos oscuros.
Pero todo el resto de ella
provenía de la primavera y su alegre amanecer;
una forma danzante, una imagen radiante
para acosar, sobresaltar y acechar.
La observé más de cerca: un espíritu
¡pero una mujer también!
Leves y etéreos sus movimientos de hogar,
Y su paso era de virginal libertad;
Un semblante en el que se contemplaban
dulces recuerdos, y promesas también;
para cotidiano alimento del ser,
para dolores fugaces, engaños simples,
alabanzas, reproches, amor, besos, lágrimas, sonrisas.
Ahora veo con ojos serenos
el mismo pulso de la máquina;
un ser respirando un aire meditado,
una peregrina entre la vida y la muerte,
la razón firme, la templada voluntad,
paciencia, previsión, fuerza y destreza.
Una mujer perfecta,
noblemente planeada para advertir,
para consolar, y ordenar.
Y aún así un espíritu que resplandece
con algo de luz angelical.

William Wordsworth

 


luces…

luces

Y tu vestidura es blanca

Tienes la cabeza inclinada y me miras,
y tu vestidura es blanca,
y un seno asoma por el encaje
suelto sobre el hombro izquierdo.
Me rebasa la luz; tiembla
y toca tus brazos desnudos.
Vuelvo a verte. Palabras
cerradas y rápidas decías,
que ponían corazón
en el peso de una vida
que sabía de circo.
Profundo el camino
sobre el que descendía el viento
ciertas noches de marzo
y nos despertaba desconocidos
como la primera vez.

Salvatore Quasimodo

 


cuatro gigantes…

Mahler: Symphony No. 1 “The Titan” / Bernstein · Vienna Philharmonic Orchestra

Mahler empezó a trabajar en esta obra en 1884, cuando contaba 24 años de edad, en la época en que trabajaba como director de música y coro en Kassel. Su composición está relacionada con su primer ciclo de canciones, las Canciones de un camarada errante, terminadas tras un episodio amoroso con Johanna Richter, una de las cantantes del teatro de Kassel.1​ El sobrenombre de “Titán” que Mahler puso inicialmente a esta obra proviene de una novela del escritor alemán Jean Paul Richter, aunque especificó que la sinfonía no se basaba en absoluto en ella. En un principio la obra fue concebida como un largo poema sinfónico en cinco movimientos, en el que Mahler utilizó música procedente de su abandonado proyecto de ópera Rübezahl y de la música incidental compuesta para la obra teatral El trompeta de Säkkingen de Viktor Nessler. En todas las ocasiones en que fue interpretada a partir de su estreno en Budapest, la obra se encontró con un rechazo casi total por parte de crítica y público2​ Mahler revisó posteriormente esta sinfonía en varias ocasiones. En 1897 Mahler eliminó uno de los movimientos de la obra, un intermedio lírico titulado “Blumine” (Florecillas), abandonando también el sobrenombre de “Titán”. A partir de este momento, la obra adopta la forma definitiva como Sinfonía en cuatro movimientos. Hoy en día, esta sinfonía es una de las más apreciadas de Mahler, debido a su gran riqueza melódica, y es interpretada con bastante frecuencia en las salas de concierto.

Fuente: Wikipedia.

 


hermosuras

hermosuras

En tu sonrisa

Ya empieza tu sonrisa,
como el son de la lluvia en los cristales.
La tarde vibra al fondo de frescura,
y brota de la tierra un olor suave,
un olor parecido a tu sonrisa,
y a mover tu sonrisa como un sauce
con el aura de abril; la lluvia roza
vagamente el paisaje,
y hacia adentro se pierde tu sonrisa,
y hacia dentro se borra y se deshace,
y hacia el alma me lleva,
desde el alma me trae,
atónito, a tu lado.
Ya tu sonrisa entre mis labios arde,
y oliendo en ella estoy a tierra limpia,
y a luz, y a la frescura de la tarde
donde brilla de nuevo el sol, y el iris,
movido levemente por el aire,
es como tu sonrisa que se acaba
dejando su hermosura entre los árboles…

Leopoldo Panero