El lamento de Dor-lómin

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simientes…

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Te veo como un temblor…

Te veo como un temblor
en el agua.
Te vas,
te venís,
y dejás anillos en mi imaginación.

Cuando estoy con vos
quisiera tener varios yo,
invadir el aire que respiras,
transformarme en un amor caliente
para que me sudés
y poder entrar y salir de vos.

Acariciarte cerebralmente
o meterme en tu corazón y explotar
con cada uno de tus latidos.

Sembrarte como un gran árbol en mi cuerpo
y cuidar de tus hojas y tu tronco,
darte mi sangre de savia
y convertirme en tierra para vos.

Siento un aliento cosquilloso
cuando estamos juntos,
quisiera convertirme en risa,
llena de gozo,
retozar en playas de ternuras
recién descubiertas,
pero que siempre presentí,
amarte, amarte
hasta que todo se nos olvide
y no sepamos quién es quién.

Gioconda Belli

 


ósculos…

osculos

Entre los tibios muslos te palpita…

Entre los tibios muslos te palpita
un negro corazón febril y hendido
de remoto y sonámbulo latido
que entre oscuras raíces se suscita;

un corazón velludo que me invita,
más que el otro cordial y estremecido,
a entrar como en mi casa o en mi nido
hasta tocar el grito que te habita.

Cuando yaces desnuda toda, cuando
te abres de piernas ávida y temblando
y hasta tu fondo frente a mí te hiendes,

un corazón puedes abrir, y si entro
con la lengua en la entrada que me tiendes,
puedo besar tu corazón por dentro.

Tomás Segovia

 


necrológicas…

necrologicas

Nos ha dejado Marcos Ana. Que la tierra le sea leve

Mi Casa y Mi Corazón (sueño de libertad)

           “mi pecado, es terrible, quise llenar de estrellas el corazón de un hombre”

Si salgo un día a la vida
mi casa no tendrá llaves:
siempre abierta, como el mar,
el sol y el aire.

Que entren la noche y el día,
y la lluvia azul, la tarde,
el rojo pan de la aurora;
La luna, mi dulce amante.

Que la amistad no detenga
sus pasos en mis umbrales,
ni la golondrina el vuelo,
ni el amor sus labios. Nadie.

Mi casa y mi corazón
nunca cerrados: que pasen
los pájaros, los amigos,
el sol y el aire.

Marcos Ana

 


¡Felicidad-es!

15sep2015

En un mar de letras
se confunden los dedos
entre pliegues de risas,
comisuras alzadas,
todas…
No hay tiempos
ni pasados ni futuros
abrazados en la garganta
del instante que vivimos.

Vivos, sonriendo.

Reunidos en el vano
de mis manos,
que son tuyas,
modelando tus tobillos.
Y atados por una mirada
silenciosa,
tan sonora,
que provoca éntasis
y un susurro ronco,
descarnado.

Un trazo virtual
en la crónica de deseos
tan soñados.
Mientras nacen nuevos sueños
sin caduca tinta domeñable.

Sencilla es la palabra
que me nace
y sencillo y claro
el sentimiento.

Te amo.
Aishiteru to omedeto,
watashi no Goshujinsama!! ❤

Gatita de Mitxel, 15 de septiembre de 2015


pálidos…

palidos

 

Blanca taciturna

Qué día de silencio enamorado
vive en mi gesto vago y en mi frente.
Qué día de nostalgia suavemente
solloza amor al corazón cansado.

Alta, dulce, distante, se ha callado
tu nombre en mi voz fiel, pero presente
su turbia luz mi soledad lo siente
en todo lo que existe y ha soñado.

En la tarde vagando, voluptuoso
de horizontes sin fin, la lejanía
me envuelve en tu recuerdo silencioso.

Claros cabellos, cuerpo, ojos lejanos,
pálidos hombros. Oh, si en este día
tuviera yo tu mano entre mis manos.

Fernando Charry Lara

 

 


umbrales…

umbralesDel verdadero amor

Hoy traspasé el umbral de mi ventura.
Estabas toda tú desnuda, digo
vestida de candor.
                             -Ven. Te esperaba.
Hoy la mañana proclamó tu nombre
y de dorada, se me fue poniendo
del color verdemar, claro y antiguo,
de tus ojos abiertos.

Y me miré en tus ojos
-¡qué claridad de viña al mediodía!-
y te besé los ojos
y me mojé los labios
del agua rosa-niña de los tuyos.

Nunca pude entender que amarse fuera
quedarse quieto al borde de unos ojos,
asomarse a otra vida y contemplarse
vivido desde lo hondo y para siempre.

Las dobles caracolas de mi oído
guardaron el eco de tu mar, ¡qué dicha
tener conmigo tu reír, tu canto,
tu palabra de amor, claro murmullo!

Toda la casa olía a tu perfume.
Tus dos manos palomas por mi vida.
Mi dolor, mi alegría, todo en orden.
Ser sólo corazón es lo que importan.

Antonio Murciano

 


En-a-derezada…

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Al otro lado de la espina dorsal,
donde quedó olvidada la tímida falta de compostura,
vuelan, y alto ahora,
las feromonas de la memoria y tu disciplina.
Con los pies en las rodillas,
y el corazón en las manos, detenido,
sólo la espiral de aire contenido
mantiene mi cuerpo erguido,
por dentro y por fuera,
honestamente ataviado de tu verdad tañedora.
Hacer de exoesqueleto tu voz rasgueada
y de palabras dos brazos y más de madera,
toma el tiempo de romper el sonido
con un silencio de espectadora urgencia.
Desde mis entrañas hasta mi pelo
hay universos de piel en franco oleaje.
Pero de todo, de todo lo que construyes
en esta pequeña torre de Babel felina,
el lenguaje que pervive sobre los demás
inclina mi frente, eleva mi alma
y arquea de curvas gemidas
la cruda realidad de un erotismo descarnado.
A peldaños asciendes aquel silencio.
El de las bocas, el de la mente.
Y no es en la piel donde has tejido
esta escalera de verdades pellizcadas.

Cuando las cuñas que mantienen el árbol,
de jadeos suspendido,
se van de un golpe,
de un manotazo, con un alarido,
lo que queda en el aire
entre tú y yo,
entre la que era y la que has esculpido,
es una larga costura de adioses,
que dan la bienvenida
a mil pequeñas muertes.
Y así es como me regresas,
a mí misma,
en un río que no cesa.

Cada muelle ya laxo y sus dedos de madera
yacen descuidados, ya olvidados,
junto a la piel muerta
de la que era antes de estar viva.
Aún queda, sin embargo,
una costura cerrada cuyos hilos no sujetas.
Y combada entera, ya sin huesos,
apenas coherente,
dejo libre el hilo maestro
de lo que siempre será mío y sólo mío:
la libertad de entregarte con un gracias
la misma libertad de pertenecerte.

Gatita de Mitxel, 16 de julio de 2015


zarpazos…

zarpazos

 

A brazo partido

Llevo en los huesos tanto amor metido
que sólo en carne viva y a bandazos,
voy capeando el mar de estos dos brazos
entre los que me encuentro sometido.

No, no basta gritar, tomar partido,
morir hasta caerse uno a pedazos;
hay que hundir a caricias y a zarpazos
tu corazón, tu corazón vencido.

Quiero daros la vida que me sobra,
y este amor que me arranca de los huesos.
Vuestro mi corazón, vuestra mi obra

de compartir lo vuestro y nuestro y mío,
consumidos en cólera y en besos.
Sólo a mi amor vuestro dolor confío.

José Albi

 


Donde todos los futuros se reúnen

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Déjame hablarte de ese instante,
donde no hay pasado ni futuro.
Ese mágico momento
donde todo confluye
y hace que mi alma
se ponga de puntillas,
expectante.

Un segundo apenas
los párpados pesados,
los senos grávidos
el equilibrio
más allá de una postura.
De pie,
sentada
o de rodillas,
en esa genuína gota de tiempo
me someto.

Diez dedos,
dos empeines elegantes,
dos pies finamente arqueados,
masculinos,
expresando sin hablar
orientados hacia mí.
Ante mis ojos.
Los del alma
Los del cuerpo.

Déjame hablarte de ese instante,
en que pliego mi vida
a tu aliento,
tu querencia,
tu tierna firmeza.
Confianza.

Y apenas toco con mis manos,
ocho dedos,
la tierra bajo mi frente
Calmada,
en silencio,
sonriendo,
emocionada…
Recitando votos
que nada tienen que ver
con la memoria.

Ronca o clara,
desgranada,
tan sincera…
Un lenguaje que me nace
como atravesar un quicio,
el primer escalón,
o abrir los ojos
a un nuevo día,
cada mañana.

Limpia.
Serena.
Dueña de algo precioso.
Mi libertad.
La que te entrego.
Voluntaria.
Conscientemente.
Cada vez…
En ese mágico instante…
Mi Dueño.

Gatita de Mitxel, 29 de marzo de 2015


cabellos…

cabellosAmor

Mi manera de amarte es sencilla:
te aprieto a mí
como si hubiera un poco de justicia en mi corazón
y yo te la pudiese dar con el cuerpo.

Cuando revuelvo tus cabellos
algo hermoso se forma entre mis manos.

Y casi no sé más. Yo sólo aspiro
a estar contigo en paz y a estar en paz
con un deber desconocido
que a veces pesa también en mi corazón.

Antonio Gamoneda