El lamento de Dor-lómin

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quietudes…

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Ahora que todo vuelve…

Ahora que todo vuelve: el silencio y la espera,
las palabras que hemos guardado en lugar seguro
todo este julio de viento y nostalgia.
Ahora que todo vuelve: la tibieza del cuerpo
aquietado y dócil bajo las manos amantes
y aquel perderse en las tardes tranquilas,
bosque adentro, por el tapiz crujiente de hojas de pino,
¿no es su valor este esfuerzo cálido y el quererse
con certeza a solas, la dura
voluntad de permanecer, presente y ausente a la vez,
sin pensar que el tiempo es un vacío sin límites?

Mujer: nada me cuesta decir tu nombre,
aunque estés lejos. Lo escribo en las piedras y el agua,
en la sombra acogedora de los árboles a la vera del río
y en el comedor de casa. Sé que oirás
mis palabras, porque llevas en las manos
el signo de un tiempo nuevo, y has crecido en la esperanza
de que alguien lo aceptara sin hacerte preguntas.

Miquel Martí i Pol
De “He heredado la esperanza”
Versión de Adolfo García Ortega

 

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riquezas…

riquezas

Elogio del estar

Dulce es morir a veces de tu cuerpo,
dulce resucitar en tu mirada.

Dulce el crujir de la luz que abre las horas,
dulce la espera, dulces los estambres
que reparte tu mano tibiamente. Apenas
hace falta decirlo. quizá sólo
depositar las palabras en el quicio
de una ventana, donde las encuentres.

En definitiva: muy rico soy de ti,
hay música en el aire y en la cama,
todo valió la pena.

Jorge Riechmann

 


distancias…

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Espera

Y tú me dices
que tienes los pechos vencidos de esperarme,
que te duelen los ojos de tenerlos vacíos de mi cuerpo,
que has perdido hasta el tacto de tus manos
de palpar esta ausencia por el aire,
que olvidas el tamaño caliente de mi boca.

Y tú me lo dices que sabes
que me hice sangre en las palabras de repetir tu nombre,
de golpear mis labios con la sed de tenerte,
de darle a mi memoria, registrándola a ciegas,
una nueva manera de rescatarte en besos
desde la ausencia en la que tú me gritas
que me estás esperando.

Y tú me lo dices que estás tan hecha
a este deshabitado ocio de mi carne
que apenas sí tu sombra se delata,
que apenas sí eres cierta
en esta oscuridad que la distancia pone
entre tu cuerpo y el mío.

José Manuel Caballero Bonald

 


esperas…

esperas

 

Contacto

Escuché tu canción
en el silencio de la noche.
De dónde venía o por qué
pareció atravesarme el corazón
como brusco zarpazo impredecible
son razones que supe sin saber.
Y tú no estabas, tú no debías estar
para que tu canción llegara
con la fuerza de un salto, de una flecha,
con el simple deseo de otro cuerpo
que ha hecho de la espera su deseo.

Jordi Doce
De “Lección de permanencia”

 


esperas…

esperas1

Esperas

Te espero como espera la tierra a la lluvia,
como espera la noche a la estrella;
te espero como espero yo, con ansia, sin tregua,
llenando de ilusión cada minuto de la espera.

Ligia García y García

 


esperas…

esperas.jpg

 

 

Añoranza

Qué prolongada ausencia,
qué distancia tan larga,
qué solitaria espera…
qué pasión obstinada,
imperecedera,
qué ternura insensata
la que te espera.

Ligia García y García

 


Catarsis III

06-gracias-g-m-7.jpgReposo la frente en el arco de tu voz,
paralela al rastro de tus pies,
un cuenco de silencios
entre tu boca y mis oídos…

Cosiendo en jadeos tu próxima palabra,
soy una gata caliente a tus tobillos…

El peso de mi anhelo
rezuma entre mis piernas,
haciendo de la espera
el vano a tu deseo.

Soy el delta en esa mirada que te busca,
el grito ronco y pesado y bien mordido…

Y se prolonga la cadena de segundos
que hacen de mis labios una presa,
de mis dedos un nudo resbalado,
de mi vientre un nudo prieto,
de mi piel levantada ya alarido…

Y sigo esperando quieta…

Los dedos del flogger que acaricia
en columpio el balcón de mi cadera,
se burlan de mis ojos escocidos
en clara diapasón de espera…

Desesperada Desesperada… Desesperada

Y sigo esperando quieta…
Amo y Señor mío.

Gatita de Mitxel   29 octubre 20013


la espera…

 

Al ver por donde huyes…

Al ver por donde huyes
dichoso cambiaría
las sendas interiores de tu alma
por la de alegres campos.
Que si tu fuga fuera
sobre verdes caminos
o sobre las espumas
y te vieran mis ojos,
seguirte yo sabría.
No hacia dentro de ti.
donde te internas,
que al querer perseguirte
me doy contra los muros de tu cuerpo.
No hacia dentro de ti,
porque no estemos:
tú, pálida, escondida;
yo, como ante una puerta
ante tu pecho frío.

Manuel Altolaguirre