El lamento de Dor-lómin

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Habítame…

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Habítame, penétrame.
Sea tu sangre una con mi sangre.
Tu boca entre mi boca.
Tu corazón agrande el mío hasta estallar…
Desgárrame.
Caigas entero en mis entrañas.
Anden tus manos en mis manos.
Tus pies caminen en mis pies, tus pies.
Árdeme, árdeme.
Cólmeme tu dulzura.
Báñeme tu saliva el paladar.
Estés en mí como está la madera en el palito.
Que ya no puedo así, con esta sed
quemándome.
Con esta sed quemándome.
Juan Gelman.

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Llamada inesperada…

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Hoy recibí una llamada inesperada, era él, diciéndome que estaba aquí, hospedado en un hotel, que me esperaba en el restaurante de ese hotel, yo me quedé en shock, no lo podía creer, me sentía emocionada e incrédula a la vez, pero excitada, nerviosa por saberlo aquí y por poder mirarlo por primera vez, un escalofrío recorrió todo mi cuerpo, estaba temblando y le pedí no bromeara con eso, le pedí que no jugara con mis emociones, y él en tono serio me contesto: Yo no juego con eso Perra mía, estoy aquí, quiero verte, poseerte, dominarte, cogerte, hacerte mía… sus palabras estremecieron mi ser, el cuerpo me temblaba, mi coño me delataba y mi corazón latía tan rápido que parecía escaparse de mi pecho para ir a su encuentro. Me dijo: escucha con atención antes de venir tienes que seguir estas indicaciones, si no lo haces ya sabes lo que te espera perra!, yo sólo pude susurrar un: Sí, mi Amo… vendrás con un vestido color negro, que no sea ceñido al cuerpo, que tenga vuelo, sin bragas y sin bra…. sólo, lo escuchaba atenta pero cada vez más ansiosa y excitada; con maquillaje discreto y cabello recogido. Así será mi Señor respondí… te quiero puntual un minuto tarde y te castigaré…. Sí, Mi Señor…. rápido me metí a la ducha, era imposible dejar de temblar por la emoción y la excitación, me sentía muy caliente, deseosa, ansiosa y húmeda, mientras me duchaba miles de imágenes y preguntas venían a mi mente: ¡Está aquí, no lo puedo creer! ¿Qué voy hacer cuando lo tenga en frente? ¿Cómo voy a reaccionar? ¿Cómo será ya en persona? ¿Cómo olerá? ¿Me podré contener al verlo? ¿Le gustaré?….. puufff yo misma trataba de controlarme y calmar mis nervios… ¡ya Viento, tranquila!, no te adelantes, ni te predispongas, todo estará y saldrá bien, mientras me repetía esas palabras en mi mente y enjabonaba mi cuerpo podía sentir mis pechos duros, mis pezones excitados y paraditos, los acariciaba con una mano, mientras con la otra bajaba a mi vientre, en medio de mis piernas era evidente mi excitación, podía sentir ese botóncito que era mi clítoris hinchado, duro, excitado, brotando en medio de mis labios vaginales, lo frotaba con las yemas de mis dedos -hummm- se sentía tan rico, me estremecía pensado en él, contorneaba mi cuerpo, estaba muy, muy caliente, me sentía la más puta, como una perra en celo pensando en él… de repente su voz en mi mente me volvió a la realidad: “Perra, tienes prohibido tocarte si yo, no lo ordeno! te castigaré por ello”…. terminé de ducharme y me alisté lo más rápido que pude, me sentía torpe, mis manos temblaban peor que maraquero en pleno concierto, me vestí, me maquillé y peiné tal como él lo ordeno, salí de casa, me subí al coche para manejar rumbo a su encuentro. El camino de casa al restaurante se me hizo eterno, era inevitable no sentir la humedad en medio de mis piernas, mi clítoris rozando la tela del vestido y el asiento del carro.
Sentía mis pechos cada vez más duros, los pezones punzantes, como si quisieran atravesar la tela del vestido, era evidente lo caliente y excitada que estaba…. sentía una mezcla de vergüenza, pero a la vez adrenalina de que alguien notara mis pechos asomándose por mi escote y trasluciéndose por la tela del vestido… era una sensación y emoción que jamás había sentido, pero no me incomodaba a pesar de la vergüenza que podía sentir; al contrario, más me excitaba y me hacía sentir más SUYA, su puta, su perra más caliente…. pero a la vez en mi vergüenza pensaba ¿Cómo se atreve mi Amo a pedirme que no me ponga bra? con lo tetona que estoy… sí que es un cabrón y perverso, le gusta ponerme en tensión… seguro si mi Amo me viera en estos momentos, disfrutaría al ver a su perra avergonzada, tratando de disimular lo que él es capaz de lograr en mí, movía mi culo en el asiento para sentir el roze de mi clítoris nuevamente, era una sensación tan rica, que solo podía morder mis labios e imaginar su voz en mi cabeza diciéndome: “qué puta eres mi perra, y me encanta que seas así de puta”, preguntándome ¿Quién era él? ¿Y quién era yo?….
Yo misma en mis pensamientos respondía usted es mi Amo, mi Dueño, mi Señor, mi cabrón, mi daddy, mi hombre, que hace y dispone de mi cuándo y cómo quiere… yo soy su sumisa, su perra fiel, su puta caliente, su cerda en celo, su mascota, que usa y toma a su antojo y capricho…
Mientras movía mi culo en el asiento podía sentirme cada vez más húmeda, más mojada, sentí miedo de manchar la tela del vestido y que al momento de bajar del carro fuera evidente la mancha de humedad en el, así que aproveche un alto y me subí el vestido, dejando mis nalgas directas en el asiento, un gemido salió de mí al sentir las costuras del asiento directamente en mi coño, ese borde en mi clítoris -huuummm- ¡eres una puta perra Viento, pensé; ¡Sí, me respondí, tan puta como mi Amo desee que sea!!! movía disimuladamente mi culo en el asiento y a la vez me fijaba a los costados del carro para ver si alguien me estaba mirando y se daba cuenta de lo caliente que estaba, en el fondo de mi deseaba que alguien lo hiciera…. sonreía pensando en él; si mi Amo me viera; podía imaginar su sonrisa perversa y lujuriosa, orgulloso de ver la puta que está despertando en mí, para él, para su placer y su disfrute… Hasta yo misma me asombraba.
Llegando al estacionamiento del hotel trate de tranqulizarme, me ví en el espejo, peiné mi pelo un poco con los dedos, revisé mi maquillaje, quería estar perfecta para él, respiré profundo y bajé del carro, sentía mis piernas temblorosas, se me doblaban como fideos al caminar, peor que un novillo recién nacido…. intenté disimular un poco al bajar del carro, pude ver la humedad que había dejado en el asiento, y sentí mi coño escurrir por mis muslos.
Llegando al restaurante me recibió una chica, pregunte por él y ella me guió a su mesa, ese trayecto se me hizo largo, la adrenalina, la ansiedad, la excitación y los nervios se apoderaron de mi, ¡por Dios! aún no puedo creer que lo veré, que estaré delante de él, no sé si pueda mirarle a los ojos, si él notará todo lo que me provoca, lo que me hace sentir?!…. ¿Cómo será su mirada? ¿Qué cara pondrá al verme? ¿Estará más alto que yo? ¿Y si mejor me regreso?…. ¡¡¡Estás loca Viento!!! ya estas aquí y has anhelado este momento por meses. Llegando a su mesa lo ví, ahí estaba él, -puuufff- ¡por Dios! sentía mi corazón latir como nunca, lo veía y pensaba es él, es mi Amo, mi Dueño, deseaba abrazarlo fuerte, besarlo, olerlo, moría de ganas por hacerlo, él me miro y sonrió, ¡por Dios! esa sonrisa pensé, ¡¡me encanta!! esos ojos ¿cómo no sentir esto por él?.. se dará cuenta de que estoy temblando, sentía mi quijada temblorosa, mi boca seca, no podía articular palabra alguna, solo mirarlo con una devoción que deseaba inclinarme ante él; sé que lo notó, caminó hacía mí, tomó mi mano, se acercó a mi oído y susurro: “Estás hermosa mi perra y me complace que hayas cumplido mis indicaciones”, me abrazo tan fuerte que sentí pegaba todos mis pedazos, que las dudas y miedos se desvanecieron, miré en sus ojos, en su mirada que era sincero, que podía abandonarme a él, mientras me abrazaba me dijo: “estás temblando me gusta, me gustan sentir tus pechos y tus pezones duros en mi pecho”, bajó una de sus manos y disimuladamente la metió en medio de mis piernas, me sorprendí y por inercia miré a los lados para cuidar nadie nos estuviera mirando, él dijo: “ERES MÍA PERRA Y DÓNDE YO QUIERA COMPRUEBO TU HUMEDAD” esas palabras me excitaron e hicieron que humedeciera aún más ¡buena perra! exclamó en voz baja… sacó sus dedos de mi coño y me indicó me sentara a un lado de él, mirando hacía las demás personas que estaban en el restaurante, con mi vestido levantado que mis nalgas estuvieran directo en la silla…. estamos conectados, pensé igual de perverso que yo, sonreí discretamente.
Sentados los dos ya en la mesa, con sus dedos bañados de mi humedad los lamió, los saboreó uno a uno frente a mi -uuufff- pensé por eso me encanta por perverso y morboso, me dijo: “que rica sabes perrita, hoy compruebo lo que me dijiste un día que tu sabor era dulce, ¡me encanta!” ¿Quieres probar? preguntó-  Sí mi Amo, respondí, pensando que me pondría sus dedos en mi boca, y me dijo abre tus piernas, mis dedos ya no tienen de tu esencia, yo nerviosa mirando para todos lados, para ver si alguien nos veía, obedecí, abrí un poco mis piernas para que él metiera sus dedos ¡que rico perrita! me encanta que estés tan caliente, tan mojada, que seas tan obediente y puta… sus dedos entraban en mi, hurgando, yo mordía mis labios para no gemir – ¿Estás caliente mi putita? preguntó-  mucho mi Amo, respondí… sacó sus dedos de mi coño, los puso en mi boca y me ordeno chuparlos… esa sensación de humillación y exhibición me ponía en tensión, me excitaba, me ponía cada vez más caliente, más perra… obedecí y empecé a chupar uno a uno sus dedos, saboreándolos… así perrita que bien lo haces, no pares hasta que yo lo ordene! …
A los lejos miramos al mesero venir rumbo a nuestra mesa para tomar la orden…. y pensé ¿A que hora me dirá que pare? ¿Acaso me tendrá chupándole los dedos mientras el mesero toma la orden? ….. pero irónicamente a la vez no me importaba disfrutaba chupar sus dedos impregnados con mi humedad, imaginando fuera su verga, me sentía como una niña chupando una rica paleta, a escasas mesas de llegar el mesero con nosotros me ordenó parar… no deseaba hacerlo, pero obedecí… inesperadamente mientras el mesero tomaba nuestra orden mi dueño acariciaba mis muslos, buscando mi coño, eso hizo que mi cara se desencajara, que me agitara y excitara aún más…. intentaba disimular, de no mirar al mesero para no darme cuenta si él veía lo que mi Amo me hacía, escuchaba a mi Amo pedir su orden tranquilo, ecuánime, paciente, inexpresivo, cómo todo un Dominante y Señor, en medio de mi excitación, de mi delirios apenas y escuché una voz que me preguntaba que iba a ordenar, no podía articular palabra alguna, temía abrir la boca y se me escapara un gemido, un suspiro..
Mi Amo me calaba, cada vez que el mesero me preguntaba algo, él hundía sus dedos más en mí, le gustaba jugar conmigo, sabía que me estaba conteniendo y que me costaba hablar así que él ordenó por mi, mientras veíamos como el mesero se alejaba mi Amo sacó sus dedos y me los ofreció nuevamente, mientras se los chupaba, me humillaba con una voz muy leve: “¡ERES MÍA PERRA, ERES MI CERDA LAMEVERGA Y ME ENCANTAS!” …seguí chupando sus dedos y él disimuladamente metió su otra mano en mi escote, que ricos pezones tienes me decía mientras los pellizcaba, mis gemidos se ahogaban en su mano, mientras chupaba sus dedos….. me sentía tan humillada, tan exhibida, tan excitada, tan caliente, tan puta, tan perra, tan cerda que deseaba me cogiera ahí mismo que me tumbara sobre la mesa boca abajo, levantara la falda del vestido y me metiera su verga dura, de un solo golpe , empecé a desvariar, a imaginar…
Ya no me importaba si nos miraran o no, sólo deseaba que me hiciera suya, sólo deseaba obedecerlo, suficiente, me dijo: deja de lamer, ahora baja tu mano por debajo de la mesa y busca mi verga para que veas lo que tu obediencia provoca en tu Amo… así lo hice, bajé mi mano y acaricié por encima de su pantalón su muslo, subí hasta llegar a su verga que se sentí dura, excitada, hinchada, a punto de romper el ziper.
Deseaba meterla a mi boca, ponerme debajo de la mesa y mamársela, devorarla con mi boca, de repente me tomó con ternura por la barbilla y me dijo: “Sé lo que estás pensando y deseas mi perrita golosa, y lo harás, porque yo también lo deseo, pero ahora es tiempo de almorzar, después co…meremos.

 

Meinuchan de Mitxel.


necrológicas…

Se nos ha ido el poeta cordobés Pablo García Baena, D.E.P.

necrologicas

Jardín

La sonrisa apagada y el jardín en la sombra.
Un mundo entre los labios que se aprietan en lucha.
Bajo mi boca seca que la tuya aprisiona
siento los dientes fuertes de tu fiel calavera.

Hay un rumor de alas por el jardín. Ya lejos,
canta el cuco y otoño oscurece la tarde.
En el cielo, una luna menos blanca que el seno
adolescente y frágil que cautivo en mis brazos.

Mis manos, que no saben, moldean asombradas
el mármol desmayado de tu cintura esquiva;
donde naufraga el lirio, y las suaves plumas
tiemblan estremecidas a la amante caricia.

Sopla un viento amoroso el agua de la fuente…
Balbuceo palabras y rozo con mis labios
el caracol marino de tu pequeño oído,
húmedo como rosa que la aurora regase.

Cerca ya de la reja donde el jardín acaba
me vuelvo para verte última y silenciosa,
y de nuevo mi boca adivina en la niebla
el panal de tus labios que enamora sin verlo,
mientras tus manos buscan amapolas de mayo
en el prado enlutado de mi corbata negra.

Pablo García Baena

 


regalos…

regalos

este otoño que tanto te quiero…

este otoño que tanto te quiero
te regalo la lluvia.
la lluvia es todo:
es canción triste, es compañía,
es llanto persistente sobre todo el paisaje,
es la caricia que hace temblar el suelo
y elevar el sexo de las flores.
es la orden húmeda que implanta
los más espesos olores.
te la regalo porque es como tú,
extensa, repentina,
de estatura cansada por el sol de la tarde,
de ojos también cayéndose camino del invierno
y porque en ella yo me siento tan dulce
como me siento en ti.

de todo lo que vuela y nos hace sufrir
nada más compasivo y simple que la lluvia,
y nada tan frágil y a la vez tan invicto
y nada como su misma promesa de frutos y verdor.
mírala, como un mar derrumbado,
como ruinas de una atmósfera de agua que existió.
muchas veces
me empapa de nostalgia y me hace nudos
que escuecen al tragar.
será porque la lluvia
cubre bosques que has amado conmigo,
nos ha mojado juntos, imparcial, minuciosa,
en lejanas provincias junto al mar.
ya para siempre tendrás lo que te he dado,
de mi regalo nunca podrás huir
ni devolvérmelo.
y cuando llueva, cada gota en tu cuerpo será un beso,
un beso que no pide nada a cambio,
que atravesará los impermeables, los paraguas,
diciéndote con su idioma monótono y dormido
que te quiero.

José María Parreño

 


haikus…

haikus

Bosque de Bambú

Pasó el ayer,
pasó también el hoy:
se va la primavera.

* * *

La flor del té,
¿es blanca o amarilla?
Perplejidad.

* * *

Melancolía,
más que el año pasado:
tarde de otoño.

* * *

Lluvias de mayo.
Y enfrente del gran río
un par de casas.

* * *

Un aguacero.
Se agarran a las yerbas,
los gorriones.

* * *

Niña muda
convertida en mujer:
ya se perfuma.

* * *

Incluso mi esposa
actúa como una forastera,
esta mañana de primavera.

Yosa Buson

 


tenemos que hablar…

tenemos que hablar

Hablo de ti

Hablo de ti
y me es difícil hacerlo.
Así es que hablo de que hablo de ti

cuando hablo del otoño, de telarañas tan delicadas
como perdidas en los surcos por novias olvidadizas
de las pesadas gotas del rocío bajo el tardío sol vespertino

y más tarde de las largas sombras sobre la explanada
de la tormenta que sacude las copas de los tilos
ya antes de que yo empiece a hablar de las estrellas

y del resplandor de las estrellas en los cristales rajados de la casa
que tintinean cuando ataca la helada de la noche
y todos los sonidos devienen penetrantes, cuando hablo

de todo esto, de todo esto que habla de ti
y de lo que es tan difícil hablar.
Así hablo de ti.

Henrik Nordbrandt
De “Los siete dormilones” 1969
Versión de Francisco Uriz

 


vinos…

vinos

 

 

Eventail

El clima de tus ojos es de otoño
y en su follaje hay huellas
de heridas uvas.
Así
de rojo otoño
y desvelada niebla
está hecho el vino donde tú me llegas.

Javier Sologuren

 


prisiones…

prisiones

Aprisionada por la espuma

I

Aprisionada en cárceles de espuma,
en la medida de tu cuerpo,
no veo pasar la noche,
sólo veo el día
que entra por tus axilas transparentes
y te desnuda.

Veo, amor mío,
el lecho donde estamos
y compartimos
las dádivas,
los cielos…
Todo lo que nos negó y afirmó como lo que somos:
mil años de alegría corporal
y materia sin sombra
y palabras
que se dicen diurnamente porque vienen del aire
y hay que oírlas y decirlas
a través de los árboles
y en lo que no se escribe porque aún no se inventa su
nombre;
porque su júbilo
todavía no ha sido descubierto
y las flores de su alrededor
aún no son cosas del viento
(aún no han ido a un invierno ni regresado a la primavera).

II

Voy a tu cuerpo igual que ir a los ríos,
igual que van los ríos a los pájaros
y ellos al espacio desatado y florido.

Vengo de ti a la era
donde todo es de todos:
los que llegan, los que se han ido,
los que aún no han venido,
los que no volverán…

Porque eso es tu cuerpo:
un adentro, un afuera compartido
por mí y por el viento,
por el mar y los seres que lo guardan;
por el color y las embestidas del otoño,
y las andanzas del verano
¡que viste cosas silvestres
y es custodio de las abejas
y funde las hierbas en un crisol matutino,
en una prolongación de azucenas.

Eunice Odio

 


festejos…

festejos

 

De Sophía

Entre los bailarines y su danza
la vi cruzar, a mediodía, el huerto,
sola como la voz en el desierto,
pura como la recta de una lanza.

Su idioma era una flor en la balanza:
justo en la cifra, en el regalo cierto;
y su hermosura un territorio abierto
a la segura bienaventuranza.

Nadie la vio llegar: entre violines
festejaban oscuros bailarines
la navidad del fuego y del retoño.

¡Ay, sólo yo la he visto a mediodía!
Desnuda estaba y al pasar decía:
“Mi señor tiene un prado sin otoño”.

Leopoldo Marechal
De “Sonetos a Sophía y otros poemas”

 


otoños…

otoños

 

 

En el corazón del otoño

Este taller dorado, señora,
Si usted suelta sus cabellos,
Su corsé, sus abundantes senos,
Arderá. La Muerte vestida,
Calavera de viejo sombrero,
Con plumas de pato en la nuca,
Vendrá, si usted llora, señora,
Desnuda en el bosque, si llora.
Hermosa señora, qué viento,
Qué viejo ya el día, las flores,
La cera y el vino, sus ojos, señora.
Este taller dorado, señora, es el otoño.

Jorge Eduardo Eielson
De “Doble diamante” Lima, 1947