El lamento de Dor-lómin

Archivo para febrero, 2010

cegueras…

SABADOS

Afuera hay un ocaso, alhaja oscura
engastada en el tiempo,
y una honda ciudad ciega
de hombres que no te vieron.
La tarde calla o canta.
Alguien descrucifica los anhelos
clavados en el piano.
Siempre, la multitud de tu hermosura.
*    *    *

A despecho de tu desamor
tu hermosura
prodiga su milagro por el tiempo.
Está en ti la ventura
como la primavera en la hoja nueva.
Ya casi no soy nadie,
soy tan sólo ese anhelo
que se pierde en la tarde.
En ti está la delicia
como está la crueldad en las espadas.
*    *    *

Agravando la reja está la noche.
En la sala severa
se buscan como ciegos nuestras dos soledades.
Sobrevive a la tarde
la blancura gloriosa de tu carne.
En nuestro amor hay una pena
que se parece al alma.
*    *    *


que ayer sólo eras toda la hermosura
eres también todo el amor, ahora.

Jorge Luis Borges

Anuncios

otro viejo relato…

EL DURMIENTE

El mundo es un lugar descromatizado, un mundo que durante miles y miles de años de decadencia ha ido palideciendo progresivamente, perdiendo buena parte de su color y calor originales, hasta quedar finalmente reducido a un lugar gris de contornos indefinidos y grotescos. También los días decaen de la misma forma en que lo hace el mundo al que pertenecen. Con una lentitud de pesadilla, el sol declina hasta ocultarse detrás de una borrosa línea del horizonte, dando lugar a un crepúsculo infernal en el que las sombras de los objetos se alargan para, finalmente, ser engullidas por las sombras que la propia noche genera.
La gente huye, buscando el refugio de sus miserables casas grises. Con un suspiro de alivio, corren a encerrarse en sus particulares prisiones, atrancando las puertas, en un desesperado intento de obtener una parva seguridad frente a los horrores liberados por la noche. Como un monstruoso Argos renacido, cada edificio comienza a iluminarse con las luces de las ventanas; ventanas como abiertos ojos insomnes y vigilantes, observando las desiertas calles que irradian con su propia luz parpadeante e insegura.
Sin embargo, las calles no están tan desiertas como los trémulos mortales desearían. Poco a poco, de las ventanas de aireación de los sótanos, de las alcantarillas, de las bocas del metro y los aparcamientos subterráneos, lenta, afanosamente, va emergiendo una multitud de seres informes que, quizás en algún tiempo ya olvidado, tuvieron apariencia humana, pero que ahora conforman un espeluznante catálogo de todas las deformidades que el cuerpo humano puede llegar a sufrir mediante la enfermedad o el tormento.
Despacio, muy despacio, la horrible hueste avanza arrastrándose, ocupando las desiertas calles y plazas, dejando a su paso un repulsivo rastro de color amarillento sobre el que flota el hedor de la putrefacción, de una fetidez cenagosa, cadavérica, capaz de ofender el más insensible de los olfatos, una emanación reconocible como el pestilente aliento de La Muerte y El Terror.
Una macabra luna roja permanece suspendida de la negra bóveda nocturna; sangrienta e indiferente, asiste sonriente al avance de la inmunda muchedumbre en su búsqueda de alimento.
Súbitamente, se desata el horror y comienza la captura de las víctimas, junkies, prostitutas y vagabundos son alcanzados, descuartizados y devorados por las miserables criaturas. Algunas víctimas, capturadas por un grupo ya saciado en parte de su hambre de sangre y carne humana, consiguen sobrevivir para así engrosar las filas del más repugnante de los ejércitos que alguna vez asolaron el mundo.
Las escenas de muerte y horror se suceden unas a otras hasta que una tímida luz grisácea anuncia que la pesadilla ha llegado a su fin. Lentamente, los infernales monstruos se van sumiendo en las profundidades donde continúa reinando la oscuridad, en espera de que una nueva noche les permita volver a iniciar la cacería. Mientras, en la superficie, una piadosa lluvia limpia las ahora sí desiertas calles, eliminando todas las huellas del inmundo festín celebrado.
Con un sobresalto me incorporo repentinamente en la cama. Estoy empapado en un sudor frío que me estremece, anticipando el terror que está por venir. Tras unos angustiosos segundos de eternidad, logro calmar los latidos de mi corazón y controlar la respiración lo suficiente como para abandonar la cama e incorporarme a la corriente en busca de una salida hacia la calle. Nuevamente ha llegado la noche y no percibo el amarillento rastro nauseabundo que voy dejando a mi paso.

© 1999 Mitxel

 


Un relato

EL GEMELO SINIESTRO

Soy el portador de un terrible secreto. Es algo que me llena de pánico y me agobia. Escribo estas páginas con la esperanza (vana) de aligerar la carga y su presión dentro de mí cabeza. Sin embargo, sé que una vez terminado, tendré que destruir todo lo escrito. Es demasiado horrible para permitir que alguien más participe del secreto.
Lo descubrí hace muchos años, cuando era un niño. Un día mi madre me había enviado a coger una toalla en el armario de su habitación. Entré, abrí la puerta del armario y contemplé la figura (pequeña) de un niño idéntico a mí. En aquel momento todo empezó a temblar dentro de mí mientras notaba como el centro del universo se desplazaba en una inexorable revolución, arrastrando en su vorágine todo aquello que alguna vez fue o tuvo lugar. Aterrado hasta la médula, proferí un grito y corrí en busca de mi madre.
Cuando regresamos a la puerta del armario, me di cuenta de que el otro también había ido a buscar a su madre. Totalmente asombrado advertí que su madre era idéntica a la mía; extraño fenómeno éste, que todavía no he podido explicarme y que en más de una ocasión se ha repetido.
Mi madre se rió de mí en particular y de la inocencia infantil en general, y así, entre risas, me explicó que aquello era un espejo y que lo que yo veía, era mi imagen reflejada en él. Tras lo cual se marchó, al mismo tiempo que la madre de mi imagen.
Un poco más tranquilo por las explicaciones de mi madre, me quedé contemplando mi imagen fijamente, mientras que ella,  a su vez, hacía lo mismo conmigo. No obstante, un desasosiego continuaba en mi interior debido a la sensación de desplazamiento cósmico experimentada minutos antes. Tímidamente alargué la mano para tocar mi imagen en el espejo, al mismo tiempo que ella hacía lo mismo para tocarme a mí. En ese preciso instante comprendí la gran equivocación de mi madre y el horror se apoderó de mí para siempre. Aquel niño no podía ser mi imagen reflejada en un espejo. ¡¡Aquel niño era zurdo!!
Con un supremo acto de voluntad evité el contacto que provocaría el cataclismo, y haciendo un último y terrible esfuerzo desvié la mano para agarrar la puerta del armario y la cerré mientras notaba el sudor frío de la angustia corriendo por mi cara.
Pasó el tiempo y me tuve que resignar a ese extraño ritual, cuyo significado desconozco, que consiste en enfrentarse a mi gemelo todas las mañanas mientras me afeito con mi navaja. Procuro no mirarlo directamente, avergonzado de mi intimidad violentada, pero tampoco le doy nunca la espalda y lo vigilo con desconfianza, recordando que él también tiene una navaja afilada en la mano. Por el rabillo del ojo veo que él también me vigila mientras, a su vez, se afeita, siempre con la mano siniestra.

© 1999 Mitxel


Champiñones en salsa provenzal

Ingredientes:

  • 1 Kg de champiñones
  • 2 dientes de ajo
  • guindillas de Cayena
  • harina
  • perejil
  • dos pastillas de doble caldo de carne
  • aceite

Preparacion:

Limpiamos los champis cortándoles la punta del tallo que permanecía enterrada y los troceamos, normalmente a la mitad pero si son pequeñoss mejor dejarlos enteros, una vez troceados los cubrimos con agua y los ponemos al fuego dejándolos hervir durante un par de minutos. Cuando ya estén listos les quitamos el agua y los reservamos.

En una sartén añadimos un poco de aceite, picamos los ajos bien picados y picamos también unas guindillas de Cayena según nos guste el picante más o menos, si son guindillas pequeñas yo suelo picarle unas tres, pero a mi me gustan picantes 🙂 Una vez picado todo lo ponemos al fuego hasta que se doren los ajos, entonces retiramos todo con una espumadera añadiéndolo a los champiñones reservados, mientras que en el mismo aceite que hicimos el sofrito añadimos 3 cucharadas de harina y la dejamos que se tueste bien removiéndola seguido para que no se pegue a la sartén. Cuando esté la harina bien tostada lo agregamos todo a los champiñones.

Ahora añadimos a los champis las dos pastillas de doble caldo de carne y dos puñados de perejil picado, cubrimos todo con agua y lo ponemos al fuego, cuando empiece a hervir bajamos el fuego para que se vaya haciendo a fuego lento y lo dejamos todo cociendo durante una hora más o menos, hay que remover cada cierto tiempo para evitar que se pegue, y también habrá que vigilar si nos queda la salsa muy espesa o muy suelta, añadiendo agua o harina según sea necesaria. Un consejo: es mejor que esté tirando a espesa 🙂

Se pueden servir como plato único o como guarnición de todo tipo de carnes, de hecho a las carnes asadas les queda fenomenal 🙂

Que aproveche!!!


Receta de arroz frito con gambas

Ingredientes:

  • arroz
  • gambas
  • gulas
  • salmon ahumado
  • ajos
  • aceite de oliva virgen
  • perejil
  • guindillas de cayena
  • cebolla
  • una pastilla de caldo de carne
  • sal

Preparación:

En una cazuela ponemos el arroz con un trozo de cebolla sin picar, añadimos agua, un chorrito de aceite y la pastilla de caldo y dejamos que hierva aproximadamente unos 20 minutos a fuego medio-bajo, cuando este el arroz preparado retiramos la cebolla, escurrimos el arroz y lo reservamos.
En una sarten preparamos las gambas y las gulas al ajillo, es conveniente empezar primero con las gambas ya que tardan algo mas en hacerse, cuando esten las gambas casi a punto se añaden las gulas y seguidamente el arroz añadiendo un pizca de sal, le damos unas cuantas vueltas y lo pasamos a una fuente, ya con el arroz en la fuente (o plato), se decora con unas tiras de salmon ahumado y se sirve

¡Que aproveche! Guiño


Buen principio

Bueno, pues parece que hemos empezado bien el año, al buen resultado del Torneo de Aninovo de Berrocas hay que añadirle ahora la buena marcha que estoy llevando en la liga de ajedrez por equipos: despues de cinco rondas disputadas ya he conseguido un nuevo bloque de puntos valedero para el ranking internacional, y aun quedan otras seis rondas para intentar mejorarlo….No me siento tan seguro como la rubia de la foto pero si muy ilusionado, desde luego; parece que este puede ser un buen año….

¡De pie, de pie, Jinetes de Théoden!
Un momento cruel se avecina: ¡fuego y matanza!
Trepidarán las lanzas, volarán en añicos los escudos,
¡un día de la espada, un día rojo, antes que llegue el alba!
¡Galopad ahora, galopad! ¡A Gondor! …

(Arenga del Rey Théoden a los Jinetes de Rohan)

El Señor de los Anillos

J.R.R. Tolkien

 


Nadie (nobody)

Nadie (nobody)

Tom Waits – Nobody

Nadie, nadie
Te amará nunca
Como yo te amé
Porque nadie es tan fuerte
El amor es agridulce
Y la vida es un tesoro profundo
Pero nadie puede guardar
Un amor que fracasó

Nadie, nadie
Te amará como yo lo hice
Porque nadie, nadie es tan fuerte
Porque nadie es tan fuerte

Nadie, nadie
Te amará nunca
Como yo te amé
Porque nadie es tan fuerte
Has tenido muchos amantes
Y tendrás muchos más
Pero sólo te partirán
En dos tu pobre corazón

Nadie, nadie
Te amará como yo lo hice
Porque nadie, nadie es tan fuerte
Porque nadie es tan fuerte

Tom Waits – Nobody

Nobody, Nobody
will ever love you
the way I could love you
cause nobody is that strong
love is bitter sweet
and life’s treasures deep
but no one can keep
a love that’s gone wrong

Nobody, Nobody
will ever love you
the way I could love you
cause nobody’s that strong
cause nobody’s that strong

Nobody, Nobody
will ever love you
the way I could love you
cause nobody is that strong
you’ve had many lovers
you’ll have many others
but they’ll only just break
your poor heart in two

Nobody, Nobody
will ever love you
the way I could love you
cause nobody’s that strong
cause nobody’s that strong