El lamento de Dor-lómin

Archivo para octubre, 2010

Happy Halloween!!

Anuncios

Alucinaciones y Paranoias (vol. 2)

Es cierto que me estoy haciendo viejo, hace ya tiempo que vengo notando los síntomas habituales, aparte de la inevitable decadencia física, me sobreviene una malsana nostalgia por la infancia perdida.
Yo fui un niño que se crió en el monte, mis padres vivían en un caserío del monte Urki, en Eibar, y yo, durante las vacaciones de verano, me iba por el bosque con mi perra, Linda, a pasar el día recogiendo setas (perrotxikos), o bien, simplemente, para ver como corría el arroyo del tiempo. Fue una época feliz, yo debía de tener unos diez u once años y allí, en el bosque, el mundo me pertenecía. A veces me sentía como se debió de sentir Adán, descubriendo el mundo y dándole a las cosas su verdadero nombre por vez primera, en otras ocasiones, como un rey en el exilio que recorre su antiguo reino de incógnito. En cualquier caso, aprendí muchas cosas en mi contacto con la vida en el bosque, aprendí que las leyes naturales no son justas ni injustas, ni siquiera crueles, simplemente son así, naturales. También aprendí a vivir en silencio, a estar a solas conmigo mismo, a comprender que yo no era sino una pequeña discordancia en una gran armonía. Con el tiempo, vivir en silencio se fue convirtiendo en una costumbre y, a veces, en una necesidad perentoria que me conduce a un absoluto retraimiento. Ultimamente este retraimiento me ha conducido a un estado contemplativo, prácticamente absoluto. Tengo la sensación de que la vida es algo que ocurre fuera de mí y que yo no puedo, o no quiero, hacer nada para modificarla.

Abundando en el tema de mi infancia perdida, también recuerdo las soberanas palizas que llevé, por culpa de un indomable orgullo, acompañado de una carencia de constitución física. Debo reconocer, que ambas cosas aún me acompañan hoy en día, aunque después de haber visto la película de Cyrano de Bergerac, interpretada por Gerard Depardieu, la cuestión del orgullo ya no me preocupa en absoluto. No así la cuestión física, en eso yo ya no tengo remedio, pero trataré de que mi hija, Edurne, tenga un desarrollo físico apropiado, el orgullo, creo, es congénito y hereditario. Como decía, mi indomable orgullo hacía que cuando me peleaba con otro niño, siempre mayor y más fuerte que yo, jamás me rendí ni me doblegué a su voluntad. Eso hizo que llevase alguna que otra paliza bastante considerable, pero con el tiempo, el resto de los niños se fue aburriendo de pegarme para, al fin, no conseguir nada y, poco a poco, me fueron dejando en paz, igual que se hace con los locos incurables y los tontos de remate.

Sin embargo también hay recuerdos que guardo con cariño. Existía, en la misma cima del monte Urki, una bolera de Bolo Palma, o Bolo Montañés, yo solía ir hasta allí para ganarme unas propinas recogiendo los bolos que los jugadores derribaban, y los domingos por la mañana, cuando se jugaban las partidas serias, también me hacía cargo de los marcadores, ganándome así un sobresueldo con el cual me convertía en el rey del mundo cuando, esa misma tarde del domingo, bajaba a Eibar para ir a la sesión doble del cine Rialto, a ver alguna película precedida de, cómo no, la inevitable de Tarzán.

Mitxel 2010


Soledad (Solitude)…


Alucinaciones y Paranoias (vol. 1)

El hombre es un caso curioso, cuando es pequeño no cesa de preguntar el por qué de todas las cosas, sin embargo cuando se hace adulto es incapaz de plantearse un solo por qué. También es cierto que cuando uno se pregunta el por qué de algo la primera vez, ya está irremediablemente perdido. Cuando se entra en la dinámica de causa-efecto se acaba produciendo una reductio ad infinitum que finalmente nos conduce al absurdo más espantoso. Aunque tal vez los absurdos seamos los seres humanos tratando de comprender algo que nos sobrepasa infinitamente. Hay que recordar que comprender también significa contener, abarcar; de tal manera que sólo nos es dado entender, comprender, aquello que es más pequeño que nosotros o, como mucho, igual a nosotros. No hay mayor estupidez que la humana pretensión de querer comprender todo aquello que nos excede: Dios, La Vida, La Muerte. De sexo es mejor no hablar.

De todos los hombres, yo debo de ser el más estúpido, puesto que si hay algo que me apasiona, es precisamente la divagación metafísica. En esos momentos de retraimiento en los que caigo de vez en cuando, me dedico a dejar pasar el tiempo perpetrando las más inverosímiles elucubraciones. Aunque debo de reconocer que a veces un chispazo de luz parece encenderse dentro de mi cabeza, probablemente producto de algún golpe recibido durante mi infancia. Sin embargo, en alguna que otra ocasión, he tenido la sensación de haber capturado una verdad, o tal vez de, por lo menos, haberla rozado con la punta de los dedos de mi pensamiento.

He hablado de una verdad, y digo una verdad porque no creo que exista la Verdad Absoluta, o mejor dicho, no creo que exista ningún hombre que esté en posesión de ella, con la excepción de algún colega cuando discutimos de fútbol y, naturalmente, Javier Clemente.

Mitxel 2010


Cine en HD

 

Mi nueva amante…


inquietudes…

 

Las conchas

Cada concha incrustada
En la gruta donde nos amamos,
Tiene su particularidad.

Una tiene la púrpura de nuestras almas,
Hurtada a la sangre de nuestros corazones,
Cuando yo ardo y tú te inflamas;

Esa otra simula tus languideces
Y tu palidez cuando, cansada,
Me reprochas mis ojos burlones;

Esa de ahí imita la gracia
De tu oreja, y aquella otra
Tu rosada nuca, corta y gruesa;

Pero una, entre todas, es la que me turba.

Paul Verlaine

 


Deseos…

 

SONETO

Oh tú mi amor, la de subidos senos
en punta de rubíes levantados
los más firmes, pulidos, deseados,
llenos de luz y de penumbra llenos.

Hermosos, dulces, mágicos, serenos
o en la batalla erguidos, agitados,
o ya en juegos de puro amor besados,
gráciles corzas de dormir morenos.

Oh tú mi amor, el esmerado estilo
de tu gran hermosura que en sigilo
casi muriendo alabo a toda hora.

Oh tú mi amor, yo canto la armonía
de tus perfectos senos la alegría
al ver que se me abren cada aurora.

Rafael Alberti

 


¡Mae govannen!

Bienvenidos a mi nuevo blog, espero que sigais disfrutando tanto como hasta ahora…