El lamento de Dor-lómin

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dones…

dones

Dita en voz baja

Mi mano en el heno de tu pecho envejecido
recoge paja
para hacernos un nido

* * * * *

Pero Albert la detiene:

Su mano suave en el heno de mi pecho. Sobre su mano
mi mano arrugada. Ella con mi soledad. Yo con su soledad.
En el porche. De pie. El mar quita el mar
da. Una fina silueta y una pequeña sombra. Una sombra
arrepentida. Se gira. Huye. El mar da el mar
quita.

Amos Oz

De “El mismo mar”
Versión de Raquel García Lozano

 


irrefrenables…

irrefrenables

El laberinto

Ella estaba detrás del laberinto.
Lo supe al conocerla.
Aunque al principio, al relumbrar su cuello
en la puerta fugaz de aquel hotel
(creo que podía ser el Miguel Ángel,
y había un piano-bar), jamás me habría creído
que era posible entrar con tanta suerte
ni en ningún otro hotel, ni en cualquier otra parte.
Tenías que haberla visto. Tenías que habernos visto.
Era casi imposible imaginar
a dos seres tan frágiles,
con un fulgor tan raramente humano.
Y el brillo se quedó dentro del pecho,
como un tibio dolor del corazón.
Poco después moriste, pero ya pude ver
que había una hebra invisible, un deseo capilar,
en ti y en ella,
de no tener más freno que la muerte.
Y se lo dije entonces, quizá hasta un poco antes:
eres como un cachorro de león asustada.
Tú sólo tienes miedo de tener
ese miedo más grande que la vida.
Eres como un cachorro de león asustada,
porque un león no se rinde,
no cesa ni claudica,
se encrespa en la batalla,
apenas retrocede
y muere de un impulso o ruge y toma aliento
y vence a dentelladas.
Me gustaría decirte que fue fácil.
Me gustaría decirte que aún es fácil.
Pero ella está detrás del laberinto
y no hay salida fuera de sí misma:
es un hotel costero abandonado
donde todas las puertas nos llevan hasta el mar.

Joaquín Pérez Azaústre
De “Las Ollerías” 2011
Premio Loewe de poesía 2011

 


delirios…

delirios

En el desnudo mar

Duermo en la ondulación de tu cuerpo.
Besándote despierto y besándote duermo.
Sueño con el mar desnudo de tu piel.
Desnuda duermo para tenerte en mí desnudo.

Te visto con el calor de mis labios
y mi tibia boca te desviste.
Mis ojos brillan como el viento
que sostiene a los pájaros
que hoy por ti se desgajan.

Con frescura de campo mis labios muerdes,
a la orilla de un río sofocas mis calores.
Tu fuego cultiva gardenias en mis muslos
y salvaje te ofrezco mis senos
para en ellos colmes tus delirios.

En tu espada de hierro vivo
y como mariposa de tu hechizo
palpitante
al fuego vuelo.

Calor de mi cuerpo develan tus manos,
siento los dedos de tu estruendosa lengua
mi vientre saturado de rocío.

Y entonces te beso.
Te beso y te digo amor
con el entrecortado respirar de mi pecho.

Lina Zerón
De “Vino Rojo” 2003

 


Día das Letras Galegas

Dia das Letras GalegasHoxe é o Día das Letras Galegas, que iste ano está adicado á figura de Manuel María.

Galicia docemente..

“Galicia docemente
está ollando o mar:
ten vales e montañas
e terras pra labrar!

Ten portos, mariñeiros,
cidades e labregos
cargados de traballos,
cargados de trafegos!

Galicia é unha nai
velliña, soñadora:
na voz da gaita rise,
na voz da gaita chora!

Galicia é o que vemos:
a terra, o mar, o vento…
Pero hai outra Galicia
que vai no sentimento!

Galicia somos nós:
a xente e mais a fala.
Se buscas a Galicia
en ti tes que atopala!”

Manuel María

Hoy es el Día de las Letras Gallegas, que este año está dedicado a la figura de Manuel María.

Galicia dulcemente…

Galicia dulcemente
está mirando el mar:
tiene valles y montañas
y tierras para labrar!

Tiene puertos, marineros,
ciudades y labriegos
cargados de trabajos,
cargados de afanes!

Galicia es una madre
viejita, soñadora:
en la voz de la gaita se ríe
en la voz de la gaita llora!

Galicia es lo que vemos:
la tierra, el mar, el viento…
Pero hay otra Galicia
que está en el sentimiento!

Galicia somos nosotros:
la gente más el habla.
Si buscas a Galicia
en ti tienes que encontrarla!

Manuel María
Versión de Mitxel Viteri

 


encerados…

encerados

Dulce furia

Qué fulgor derramado esta luna de cera,
qué imparable este río
de mis venas abiertas
vertiéndose incesante en tu mar sin orillas.

Qué raudal de agonía
desatinada y plena,
de mi boca a tu boca,
de tu mar a mi arena.

Qué deslumbrante herida,
qué llama inapagada,
qué dulce y ardua furia de cuerpos anudados,
qué tierna la derrota después de la batalla…

Isabel Rodríguez Baquero

 


llamadas…

llamadas

Grito

Pude haber gritado
si no hubiera sido por el cielo.
Pude haber caminado
si no hubiera sido por la tierra.
Pude haber dicho todo
si no hubiera sido por el mar.

El cielo está cubierto de nubes.
La tierra está desnuda, agrietada y polvorienta.
El mar no es nada
comparado con la distancia que hay entre tú y yo.

Henrik Nordbrandt
De “Nuestro amor es como Bizancio” (“Puentes de sueños” 1998)
Versión de Francisco Uriz


erotismos…

erotismos

 

Erótico

Tú la avispa y yo la rosa;
Tú el mar, yo la escollera;
En la creciente radiosa
Tú el Fénix, yo la hoguera.
Tú el Narciso y yo la fuente,
En mis ojos tú brillando;
Tú el río y yo el puente;
Yo la onda en mí nadando.
Y tú el sol y la sal
Y en los labios el caudal
Del rumor meciendo el juego.
Yo el pájaro y el cielo
Azul cruzando su vuelo,
Como el alma atiza el fuego.

Marguerite Yourcenar
Versión de Silvia Barón-Supervielle

 


perfecciones…

perfecciones

 

En un lugar al sur…

Es un lugar al sur, un lugar donde
la cal
amotinada desafia el mirar.
Donde viviste. Donde a veces en sueños
vives aún. El nombre empapado de agua
te escurre de la boca.
Por caminos de cabras descendías
a la playa, el mar batía

en aquellas piedras, en estas sílabas.
Los ojos se perdían ahogados
en el fulgor
del último o del primer día.

Era la perfección.

Eugenio de Andrade
Versión de Aníbal Núñez

 


oceanos…

oceanosContigo a las orillas del atlántico

Amor, contigo sólo y con la ola
en risa nueva y prisa apresurada.
Que tu boca me aloca, desbocada,
con bocados de mar y caracola.

Amor, ¿estoy contigo a solas, o la
luna cambia mi sombra desvelada?
¿O es tu boca la poca, la tasada
punzada que me toca y que me inmola?

¡Oh, cuánto mar, amor, diese, daría,
si beso el vaso, el cántaro suave
de la boca que libo y que me aboco!

Si llego, llaga amante, a la bahía
del claro faro que remonta el ave
tu mucho pico que besando es poco.

Ángel García López

 


marineros…

marinerosNa terra chan mais longa…

Na terra chan mais longa,
longa sen fin, terriblemente longa,
circular e tirante como un tambor de aceiro
onde o sol non é Pai nin irmán nin amigo
senón un viaxante galopín e sinistro
que ensome con carraxe os ósos temperados.
Na terra do xoropo, do xaguar, do papaio,
nas ribeiras do Guaviare, do Meta, do Vichada,
no corazón da selva, no corazón do mundo
a un mil e cincocentos kilómetros do home
chegou cheo de brétema a visitarme o mar.

E chorei como un home, como un lobo atrapado:
non chorei de saudade nin de amor nin de ira,
foi o pranto dun tigre malferido e lonxano
o agromar do home mariñeiro que un día
acorei no burato mais fondo do meu sangue.

Veu a visitarme o mar:
o mar de Finisterre, o mar da Vida
o mar maior dos pailebotes áxiles,
arrecendendo a aceite de liñaza de roupa mariñeira,
a saín e argazo
a escuma fresca, a brea, a galipote.
E foi un temporal o meu alento:
oceánicas foulas abalaran a selva
porque me veu a visita-lo mar.

Ouh que salgado orballo me atereceu o corpo
a un mil e cincocentos quilómetros do home:
o amigo, o compañeiro de perfecta entraña
o capitán dos meus veleiros claros
o mar feliz arrolador de dornas
tan amado de meu que non me esquece.

Mariñeiro: Unha noite cantarémo-los dous
bébedos como Ulises no malecón dun porto
cubertos de salitre e de sueste, os dous
ulindo a mar, a libertade, a viño.
Unha noite cantarémo-los dous
e o mar estará ledo como un pai regresado.

Unha noite cantarémo-los dous tan barilmente
que estalará o amor mais poderoso
un atómico amor de forza única
nado á beira do mar e da tenrura.

Hoxe o meu esqueleto é un gran estaleiro
a onde chegan feridos os navíos de antano,
as altas proas de brancura intacta
con nomes de muller, nomes de rosa,
nomes cheos de azul, de sal, de ondas:
—Olga — Flor do Barqueiro — Lealdade—
que agora os homes brosmos do progreso
fan navegar a gas-oil e odio.

(Eu amo os paquebotes silandeiros,
as agudas corvetas vixiantes,
amo a máquina en si,
amo a enerxía.
Pero aborrezo o crime tan escuro
de asesiñar veleiros triunfadores.)

Ouh irmán mar:
eiquí na inmensa eira
na eira do Vaupés, do Casenare,
chegoume a apreta honrada do teu brazo
e ouveei na selva, aqueloutrado,
ata que o sal das bágoas me arrepuxo
unha ribeira extensa polo labio

Antón Avilés de Taramancos

Traducción de Enrique Gutiérrez Miranda

En la llanura más larga,
larga sin fin, terriblemente larga,
circular y tirante como un tambor de acero
donde el sol no es Padre ni hermano ni amigo
sino un viajero malicioso y siniestro
que consume con rabia los huesos templados.
En la tierra del joropo, del jaguar, del papayo,
en las riberas del Guaviare, del Meta, del Vichada,
en el corazón de la selva, en el corazón del mundo
a mil quinientos kilómetros del hombre
llegó lleno de niebla a visitarme el mar.

Y lloré como un hombre, como un lobo atrapado:
no lloré de nostalgia ni de amor ni de ira,
fue el llanto de un tigre malherido y lejano
el germinar del hombre marinero que un día
ahogué en el agujero mas hondo de mi sangre.

Vino a visitarme el mar:
el mar de Finisterre, el mar de la Vida
el mar abierto de los pailebotes ágiles,
oliendo a aceite de linaza de ropa marinera,
a grasa y sargazo
a espuma fresca, a brea, a alquitrán.
Y fue un temporal mi aliento:
oceánicas olas agitaron la selva
porque vino a visitarme el mar.

Oh que salada llovizna me entumeció el cuerpo
a mil quinientos kilómetros del hombre:
el amigo, el compañero de perfecta entraña
el capitán de mis veleros claros
el mar feliz arrullador de dornas
tan amado por mí que no me olvida.

Marinero: Una noche cantaremos los dos
borrachos como Ulises en el malecón de un puerto
cubiertos de salitre y de sureste, los dos
oliendo a mar, a libertad, a vino.
Una noche cantaremos los dos
y el mar estará alegre como un padre regresado.

Una noche cantaremos los dos tan virilmente
que estallará el amor mas poderoso
un atómico amor de fuerza única
nacido a la orilla del mar y la ternura.

Hoy mi esqueleto es un gran astillero
a donde llegan heridos los navíos de antaño,
las altas proas de blancura intacta
con nombres de mujer, nombres de rosa,
nombres llenos de azul, de sal, de olas:
—Olga — Flor del Barquero — Lealtad—
que ahora los hombres toscos del progreso
hacen navegar a gasoil y odio.

(Yo amo los paquebotes silenciosos,
las agudas corbetas vigilantes,
amo la máquina en sí,
amo la energía.
Pero aborrezco el crimen tan oscuro
de asesinar veleros triunfadores.)

Oh hermano mar:
aquí en la inmensa era
en la era del Vaupés, del Casenare,
me llegó el apretón honrado de tu brazo
y aullé en la selva, demudado,
hasta que la sal de las lágrimas me empujó
una ribera extensa sobre el labio.