El lamento de Dor-lómin

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frutos prohibidos…

frutos prohibidos

Como la piel de un fruto, suave…

Como la piel de un fruto, suave
a la amenaza de los dientes,
iluminada, alegre casi,
ibas camino de la muerte.

La vida estaba en todas partes:
en tu cabello, sobre el césped,
sobre la tierra que añorabas,
sobre los chopos,  por tu frente…

Todo pasó, tal un verano,
sobre tu carne pura y breve.
Como la piel de un fruto, ¡eras
tan olorosa y atrayente!

José Agustín Goytisolo

 

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germinaciones…

germinaciones

 

 

El fruto redondo

Sí, también yo quisiera ser palabra desnuda.
Ser un ala sin plumas en un cielo sin aire.
Ser un oro sin peso, un soñar sin raíces,
un sonido sin nadie…
Pero mis versos nacen redondos como frutos,
envueltos en la pulpa caliente de mi carne.

Ángela Figuera Aymerich

 


durmientes…

durmientes

Piedra de sal

Tu estabas dormida
como el agua que duerme en la alberca …
y yo llegué a ti
como llega
hasta el agua que duerme
la piedra.
Turbé tu remanso y en ondas de amor te quebraste
como en ondas el agua que duerme se quiebra
cuando
llega
a turbar su remanso dormida
la piedra.

Piedra fui para ti, piedra soy
y piedra quiero ser, pero piedra
blanda de sal
que al llegar a ti se disuelva
y en tu cuerpo se quede
y sea
como una levadura de tu carne
y como el hierro de la sangre en tus venas.
Y en tu alma deje una sed infinita
de amarlo todo … y una sed de belleza
insaciable…
eterna…

León Felipe

 


idolatrías…

idolatriasJezabel

Palidez consumada en el deseo,
suma de carne transparente y fina,
ya sellada, en profética rutina,
para el soldado y para el can hebreo.

¡Oh desahuciada fiebre, oh devaneo
que oscila como péndulo en rüina,
de un viñedo que el sol mimba y fulmina
a cruenta gloria y militar trofeo!

Horror de pausa y de silencio, acaso
para no conocer turbias carreras
del corazón, hacia el fatal ocaso,

ni sentir que en sus válvulas arteras
se endulza ya la sangre paso a paso
para halagar las fauces de las fieras.

Concha Urquiza

 


distancias…

distancias

Espera

Y tú me dices
que tienes los pechos vencidos de esperarme,
que te duelen los ojos de tenerlos vacíos de mi cuerpo,
que has perdido hasta el tacto de tus manos
de palpar esta ausencia por el aire,
que olvidas el tamaño caliente de mi boca.

Y tú me lo dices que sabes
que me hice sangre en las palabras de repetir tu nombre,
de golpear mis labios con la sed de tenerte,
de darle a mi memoria, registrándola a ciegas,
una nueva manera de rescatarte en besos
desde la ausencia en la que tú me gritas
que me estás esperando.

Y tú me lo dices que estás tan hecha
a este deshabitado ocio de mi carne
que apenas sí tu sombra se delata,
que apenas sí eres cierta
en esta oscuridad que la distancia pone
entre tu cuerpo y el mío.

José Manuel Caballero Bonald

 


¡Felicidad-es!

15sep2015

En un mar de letras
se confunden los dedos
entre pliegues de risas,
comisuras alzadas,
todas…
No hay tiempos
ni pasados ni futuros
abrazados en la garganta
del instante que vivimos.

Vivos, sonriendo.

Reunidos en el vano
de mis manos,
que son tuyas,
modelando tus tobillos.
Y atados por una mirada
silenciosa,
tan sonora,
que provoca éntasis
y un susurro ronco,
descarnado.

Un trazo virtual
en la crónica de deseos
tan soñados.
Mientras nacen nuevos sueños
sin caduca tinta domeñable.

Sencilla es la palabra
que me nace
y sencillo y claro
el sentimiento.

Te amo.
Aishiteru to omedeto,
watashi no Goshujinsama!! ❤

Gatita de Mitxel, 15 de septiembre de 2015


En-a-derezada…

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Al otro lado de la espina dorsal,
donde quedó olvidada la tímida falta de compostura,
vuelan, y alto ahora,
las feromonas de la memoria y tu disciplina.
Con los pies en las rodillas,
y el corazón en las manos, detenido,
sólo la espiral de aire contenido
mantiene mi cuerpo erguido,
por dentro y por fuera,
honestamente ataviado de tu verdad tañedora.
Hacer de exoesqueleto tu voz rasgueada
y de palabras dos brazos y más de madera,
toma el tiempo de romper el sonido
con un silencio de espectadora urgencia.
Desde mis entrañas hasta mi pelo
hay universos de piel en franco oleaje.
Pero de todo, de todo lo que construyes
en esta pequeña torre de Babel felina,
el lenguaje que pervive sobre los demás
inclina mi frente, eleva mi alma
y arquea de curvas gemidas
la cruda realidad de un erotismo descarnado.
A peldaños asciendes aquel silencio.
El de las bocas, el de la mente.
Y no es en la piel donde has tejido
esta escalera de verdades pellizcadas.

Cuando las cuñas que mantienen el árbol,
de jadeos suspendido,
se van de un golpe,
de un manotazo, con un alarido,
lo que queda en el aire
entre tú y yo,
entre la que era y la que has esculpido,
es una larga costura de adioses,
que dan la bienvenida
a mil pequeñas muertes.
Y así es como me regresas,
a mí misma,
en un río que no cesa.

Cada muelle ya laxo y sus dedos de madera
yacen descuidados, ya olvidados,
junto a la piel muerta
de la que era antes de estar viva.
Aún queda, sin embargo,
una costura cerrada cuyos hilos no sujetas.
Y combada entera, ya sin huesos,
apenas coherente,
dejo libre el hilo maestro
de lo que siempre será mío y sólo mío:
la libertad de entregarte con un gracias
la misma libertad de pertenecerte.

Gatita de Mitxel, 16 de julio de 2015


recatos…

recatos

Lección de amor

Pero chiquilla, te recomiendo
algo de seducción en los grititos:
carnal me gusta el alma
y con alma la carne.

La castidad no puede rebajar la lujuria;
si estuviese hambriento me gustaría saciarme.
Me apetece que la virtud tenga trasero
y que el trasero tenga sus virtudes.

Desde que el dios aquel cabalgó al cisne
a más de una chica le da miedo,
aunque también sufra con gusto
que él se aferre al canto del cisne.

Bertold Brecht
Versión de Jesús Munárriz y Jenaro Talens


Decantada

5c4a9f5fbf2ebe891caac9e48b1aa764Soy de arcilla.
Una muñeca de muñecas
llenas de maullidos.
Hoy me duele
la pequeña niña
que nunca fuí.
La joven que tejía
inocencias como escudos.
La madre que no pude ser.
Arañada por memorias
que mi desmemoria
no desecha.
Grano a grano
me deslizo
en un baile viejo
mientras gira
la sonrisa dulce
que abraza
trémula y tierna
la tinta de mis venas.
Como Sally voy
de costura en costura,
añadiendo hilo
en cada siete de mis dedos.
Y detengo a Cronos
aquietada
en la garganta
de un tiempo
que no es mío.
Me decanto.
Arqueada hasta encontrarme,
no en la arena
ya brumosa…
No.
Sino en la que espera
por caer.
Soy de aire.
Tan ligera como un humo.
Aspirada y devuelta
en un aliento transparente.
Apenas un nombre
o un apodo.
Pero soy.
Sin cadenas ni palabras.
Ese abrazo que nunca fue
Ese hago yo mío
y lo bailo.
Como se bailan
las cosas imposibles.
Con toda el alma
hecha ventisca.
Soy un fuego.
Una brasa que no cesa
Una chispa nada más.
Arabesco en una sombra
de matrioskas.
Y soy de carne.
En la tierra
soy de carne.
Furiosa,
encarnizada
y cruda carne
que desmenuza alaridos
de felina necesidad
mientras danza,
disparatada,
como una hurí,
usando mis rodillas
y mis manos
y mis dientes
para avanzar,
grano a grano,
hasta alcanzarme
y recoger,
en ese segundo incomparable,
a la mujer
que el tiempo
o la vida
ha modelado.
No soy un eco
ni un redoble.
No soy agua.
Soy yo misma.
Soy yo misma.
Decantada,
desnuda de palabras ya.
Yo misma.
Nada menos.
Nada más.


Gatita de Mitxel, 6 de abril de 2015


licantropías…

licantropiasCarta al lobo

Querido Lobo:
Llego aquí después de cruzar el mar abierto del bosque,
el mar vegetal que habitas,
el abierto de ira en la oscuridad y la luz que lo cruza
a hurtadillas,

en su densa, inhabitable noche de aullidos que impera
incluso de día o en el silencio

mar de resmas de hojas
que caen y caen y crecen y brotan, todo al mismo tiempo,
de yerbas entrelazadas,
de mareas de pájaros,
de oleadas de animales ocultos.

Llegue aquí cruzando el puente que une al mundo
temeroso con tu casa,

este lugar inhóspito,
inhóspito porque esta la mar de habitado,
habitado como el mar.

En todo hay traición porque todo esta vivo…

Por ejemplo, aquello, si desde aquí parece una sombra,
¿hacia donde caminara cuando despierte?
Como fiera atacara cuando pase junto a él,
cuando furioso conteste el sonido de mis pasos.

Así todo lo que veo.
En todo hay traición

…era el camino, lobo,
la ruta que me llevaba a ti…

Escucha mi delgada voz, tan cerca.
Ya estoy aquí.

Escoge de lo que traje lo que te plazca.
Casi no puedes mirarlo,
insignificante como es,
perdido en la espesura que habitas.
Estoy aquí para ofrecerte mi cuello,
mi frágil cuello de virgen,
un trozo pálido de carne con poco, muy poco que roerle,
tenlo, tenlo.
¡Apresura tu ataque!
¿Te deleitaras con el banquete?
(No puedo, no tengo hacia donde escapar
y no se si al clavarme los dientes
me miraras a los ojos).

Reconociéndome presa
y convencida de que no hay mayor grandeza que la del
cuello de virgen entregándose a ti,

ni mayor bondad que aquella inscrita en tu
doloroso,
lento
interminable
y cruel
amoroso ataque,

cierro esta carta.
Sinceramente tuya,

                                   Carmen.

Carmen Boullosa