El lamento de Dor-lómin

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inicios…

inicios

Primera velada

Desnuda, casi desnuda;
y los árboles cotillas
a la ventana arrimaban,
pícaros, su fronda pícara.

Asentada en mi sillón,
desnuda, juntó las manos.
Y en el suelo, trepidaban,
de gusto, sus pies, tan parvos.

-Vi cómo, color de cera,
un rayo con luz de fronda
revolaba por su risa
y su pecho -en la flor, mosca ,

-Besé sus finos tobillos.
Y estalló en risa, tan suave,
risa hermosa de cristal.
desgranada en claros trinos…

Bajo el camisón, sus pies
-¡Basta, basta!» -se escondieron.
-¡La risa, falso castigo
del primer atrevimiento!

Trémulos, pobres, sus ojos
mis labios besaron, suaves:
-Echó, cursi, su cabeza
hacia atrás: «Mejor, si cabe…!

Caballero, dos palabras…»»
-Se tragó lo que faltaba
con un beso que le hizo
reírse… ¡qué a gusto estaba!

-Desnuda, casi desnuda;
y los árboles cotillas
a la ventana asomaban,
pícaros, su fronda pícara.

Arthur Rimbaud
Versión de Andrés Holguín

 

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frutos prohibidos…

frutos prohibidos

Como la piel de un fruto, suave…

Como la piel de un fruto, suave
a la amenaza de los dientes,
iluminada, alegre casi,
ibas camino de la muerte.

La vida estaba en todas partes:
en tu cabello, sobre el césped,
sobre la tierra que añorabas,
sobre los chopos,  por tu frente…

Todo pasó, tal un verano,
sobre tu carne pura y breve.
Como la piel de un fruto, ¡eras
tan olorosa y atrayente!

José Agustín Goytisolo

 


crujidos…

crujidos

 

 

Al caminar parece que crujieran…

Al caminar parece que crujieran
las hojas de la noche y sus cristales.
Es tu hombro, tu pecho, tus rodillas
deshaciendo, esponjando, tu impermeable.

Tu impermeable te ciñe totalmente,
si llevas algo más nadie lo sabe…
Es un cilicio hecho de pliegues duros
sobre la rosa de tu cuerpo suave.

Baldomero Fernández Moreno

 


Tu boca, porque mi boca ya no es mía…

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Tu boca, porque mi boca ya no es mía
Vagabunda y nómada de dientes prohibidos,
cueva y casa, caravana entera de regalos,
libro y pluma, baúl de palabras no dichas,
puerta, ventana y vientre de tus manos,
mi boca que ya no es mía, en tu boca que hago mía…

Perdido el tiempo entre las perlas
que rasuran tu carne levantisca
y borran su paso a golpe de labios
ocultando a la prisionera deshuesada
que la habita…

Mi lengua suave, suave
que tampoco es mía ya no más,
de gata que te sabe receptivo,
se escapa de mí y solitaria
te hace mapas de navegación improvisados

Te beso con todo,
con toda mi boca ajaezada,
de dientes, lengua, labios
y palabras.
Todos, todas, tuyos.

Gatita de Mitxel, 12 de febrero, 2015