El lamento de Dor-lómin

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Bosque de Bambú

Pasó el ayer,
pasó también el hoy:
se va la primavera.

* * *

La flor del té,
¿es blanca o amarilla?
Perplejidad.

* * *

Melancolía,
más que el año pasado:
tarde de otoño.

* * *

Lluvias de mayo.
Y enfrente del gran río
un par de casas.

* * *

Un aguacero.
Se agarran a las yerbas,
los gorriones.

* * *

Niña muda
convertida en mujer:
ya se perfuma.

* * *

Incluso mi esposa
actúa como una forastera,
esta mañana de primavera.

Yosa Buson

 


Eros y Psique

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Plegando el velo del tiempo y haciendo nuevo el viejo arquetipo de Psique, la dama cuya piel esta noche trasciende ropajes, se acerca a las tres nornas con la armadura de su certeza entre los dedos.

No cederá ante las dudas que ellas destilan en su mente manteniendo la distancia entre su existencia y la realidad que ella ofrece.
Ni inframundo, ni pastel de cebada para Cerberus ni obolos para pasar el Estigio…
Esta Psique se llama Voluptas, y el único Dueño al que quiere embelesar ni es llamado Cupido ni duda de ella. No tendrá que rescatarla de ningún sueño. Ni lanzar ninguna flecha para tenerla enamorada.

Despacio, lenta y con calma, desviste la mirada, los dedos, la carne. Y los deja caer todos al suelo.
En su garganta un collar justo y anillado ciñe un nombre que es más que un nombre. Es el nombre que le ha sido dado como regalo.
El pelo retirado, dejando la tierna piel mordida en el escenario del cuello, como una reverencia cuyo telón no acaba de descender. Siempre expuesta.
Y los senos orgullosamente henchidos y altivos, abalconando la ofrenda de su sonrisa torcida y retadora.

Urd, Verdandi y Skuld reunen sus ojos como reunen su aliento. Ya no más las piernas cruzadas, los brazos en medio o la mirada cuestionadora. El pasado, presente y futuro tienen dientes, bocas y fuego.

Marcan con ellos su piel.
Sonriendo a Eros sin mirarle a Él.

Gatita de Mitxel, 25 de enero, 2015

 


modernidades…

Borges

 

Hacia 1905, Hermann Bahr decidió: «El único deber, ser moderno». Veintitantos años después, yo me impuse también esa obligación del todo superflua. Ser moderno es ser contemporáneo, ser actual; todos fatalmente lo somos. Nadie -fuera de cierto aventurero que soñó Wells- ha descubierto el arte de vivir en el futuro o en el pasado. No hay obra que no sea de su tiempo; la escrupulosa novela histórica Salammbô, cuyos protagonistas son los mercenarios de las guerras púnicas, es una tipica novela francesa del siglo XIX. Nada sabemos de la literatura de Cartago, que verosímilmente fue rica, salvo que no podia incluir un libro como el de Flaubert.

Jorge Luis Borges
Buenos Aires, 25 de agosto de 1969