El lamento de Dor-lómin

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regalos…

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este otoño que tanto te quiero…

este otoño que tanto te quiero
te regalo la lluvia.
la lluvia es todo:
es canción triste, es compañía,
es llanto persistente sobre todo el paisaje,
es la caricia que hace temblar el suelo
y elevar el sexo de las flores.
es la orden húmeda que implanta
los más espesos olores.
te la regalo porque es como tú,
extensa, repentina,
de estatura cansada por el sol de la tarde,
de ojos también cayéndose camino del invierno
y porque en ella yo me siento tan dulce
como me siento en ti.

de todo lo que vuela y nos hace sufrir
nada más compasivo y simple que la lluvia,
y nada tan frágil y a la vez tan invicto
y nada como su misma promesa de frutos y verdor.
mírala, como un mar derrumbado,
como ruinas de una atmósfera de agua que existió.
muchas veces
me empapa de nostalgia y me hace nudos
que escuecen al tragar.
será porque la lluvia
cubre bosques que has amado conmigo,
nos ha mojado juntos, imparcial, minuciosa,
en lejanas provincias junto al mar.
ya para siempre tendrás lo que te he dado,
de mi regalo nunca podrás huir
ni devolvérmelo.
y cuando llueva, cada gota en tu cuerpo será un beso,
un beso que no pide nada a cambio,
que atravesará los impermeables, los paraguas,
diciéndote con su idioma monótono y dormido
que te quiero.

José María Parreño

 

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mareas…

mareas

Paseo a la luz de la luna (poema original)

Nademos hasta la luna,
subamos a través de la marea
penetremos la noche,
en que la ciudad duerme para ocultarse
nademos esta noche, amor ;
es nuestra ocasion de intentarlo,
aparcados junto al oceano,
en nuestro paseo a la luz de la luna.

Nademos hasta la luna,
subamos a través de la marea,
rindámonos a los mundos expectantes,
que lamen nuestro costado.
No queda nada pendiente
y no hay tiempo para decidir
nos hemos metido en un río,
en nuestro viaje a la luz de la luna.

Nademos hasta la luna,
subamos a través de la marea,
tu extiendes tu mano para cogerme,
pero yo no puedo ser tu guía
es fácil amarte, cuándo te miro volar,
cayendo entre húmedos bosques
en nuestro paseo a la luz de la luna.

Jim Morrison

 

 


sentidos…

sentidosEl sexto sentido

Maravilloso tener vino enamorado,
Y pan amoroso en el horno para nosotros,
Y una mujer, extenuada, a quien
Le ha sido dado deleitarnos.

Qué podemos hacer con esta aurora rosada
Que cobija los cielos helados,
Donde reina el silencio y el sosiego celeste,
¿Qué podemos hacer con tantos versos ineludibles?

Ni comer, ni beber, ni besar.
El instante vuela incontenible,
Y  aunque nos esforcemos
Estamos condenados a pasar sin detenernos.

Somos como el niño que olvidando sus juegos
Espía, a veces el baño de las muchachas
Y sin saber nada acerca del amor
Se atormenta con tantos deseos misteriosos.

Como otrora en los bosques tupidos
Criaturas huidizas, bramando de impotencia,
Presentían sobre sus hombros
Las alas que aún no salían.

De igual manera, siglo tras siglo,
Bajo el escalpelo de la naturaleza y el arte,
grita nuestro espíritu, desfallece la carne,
Originando el órgano del sexto sentido.

Nikolai Gumiliov
Versión de Jorge Bustamante García