El lamento de Dor-lómin

Archivo para enero, 2010

Encuentros

Poema 14

Juegas todos los días con la luz del universo.
Sutil visitadora, llegas en la flor y en el agua.
Eres más que esta blanca cabecita que aprieto
como un racimo entre mis manos cada día.

A nadie te pareces desde que yo te amo.
Déjame tenderte entre guirnaldas amarillas.
Quién escribe tu nombre con letras de humo entre las estrellas del sur?
Ah déjame recordarte cómo eras entonces, cuando aún no existías.

De pronto el viento aúlla y golpea mi ventana cerrada.
El cielo es una red cuajada de peces sombríos.
Aquí vienen a dar todos los vientos, todos.
Se desviste la lluvia.

Pasan huyendo los pájaros.
El viento. El viento.
Yo sólo puedo luchar contra la fuerza de los hombres.
El temporal arremolina hojas oscuras
y suelta todas las barcas que anoche amarraron al cielo.

Tú estás aquí. Ah tú no huyes.
Tú me responderás hasta el último grito.
Ovíllate a mi lado como si tuvieras miedo.
Sin embargo alguna vez corrió una sombra extraña por tus ojos.

Ahora, ahora también, pequeña, me traes madreselvas,
y tienes hasta los senos perfumados.
Mientras el viento triste galopa matando mariposas
yo te amo, y mi alegría muerde tu boca de ciruela.

Cuanto te habrá dolido acostumbrarte a mí,
a mi alma sola y salvaje, a mi nombre que todos ahuyentan.
Hemos visto arder tantas veces el lucero besándonos los ojos
y sobre nuestras cabezas destorcerse los crepúsculos en abanicos girantes.

Mis palabras llovieron sobre ti acariciándote.
Amé desde hace tiempo tu cuerpo de nácar soleado.
Hasta te creo dueña del universo.
Te traeré de las montañas flores alegres, copihues,
avellanas oscuras, y cestas silvestres de besos.

Quiero hacer contigo
lo que la primavera hace con los cerezos.

Pablo Neruda

 

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Muerte de Cyrano (mi mas admirado heroe)

– Cyrano (leyendo) – “Quizás esta noche, por mi lado
tengo el alma ahita de amor
aún no expresado.
Y moriré.
Jamás vuestros ojos veré.
– Aquellas miradas que…”
– Roxana – ¡Qué bien leéis su carta!
– Cyrano-“Aquellas miradas que eran
de mi alma la única fiesta.
Incluso vuestros gestos de protesta.
Recuerdo uno adorable
que os era peculiar
cuando os tocabais la frente
y yo quisiera gritar.”

– Roxana – ¡Qué bien leéis su carta!
– Cyrano – “Y grito: ¡adiós!”
– Roxana – La leéis…
– Cyrano – “Mi amor, mi vida, mi tesoro.”
– Roxana – …con una voz.
– Cyrano – “Mi amor…”
– Roxana – Con una voz que me trae
recuerdos de un modo veloz.
– Cyrano – “Mi corazón no os dejará
ni un segundo
porque soy, y también seré
en el otro mundo
quien os amó desmesuradamente,
aquel que…”

– Roxana – ¿Cómo podéis leer así? Es de noche.
– Cyrano – ¿Es de noche?
– Roxana – ¡Erais vos!
– Cyrano – No, no Roxana, no.
– Roxana – ¡Debí adivinarlo cuando
decíais mi nombre!
– Cyrano – No, no era yo.
– Roxana – ¡Erais vos!
– Cyrano – Os lo juro.
– Roxana – Ya veo que sois
un generoso perjuro.
Las cartas eran vuestras.
Las palabras cariñosas.
– Cyrano – No.
– Roxana – La voz en la noche.
– Cyrano – Os juro que no.
– Roxana – El alma era la vuestra.
– Cyrano – Yo no os quiero.
– Roxana – ¡Me amáis!
– Cyrano – Era el otro.
– Roxana – ¡Me amáis!
– Cyrano – ¡No!
– Roxana – Os he desenmascarado.
– Cyrano – No, amor mío,
jamás os he amado.

– Roxana – ¡Cuántas cosas muertas han renacido!
Catorce años habéis enmudecido
esta carta que en mi corazón
fue un aleluya.
Llevaba vuestro llanto.
– Cyrano – La sangre… era suya.

– Ragueneau (entrando con Guiche) – Cyrano, ¡estás aquí!
– Cyrano – Buenas noches, amigos.
– Ragueneau – Señor, al venir aquí se ha matado.
– Roxana – Ahora entiendo esta debilidad, esta…
– Cyrano – Es cierto, aún no
había terminado la gaceta.
Sábado veintiséis
y sin haber cenado
el Sr. De Bergerac
ha muerto asesinado.

– Roxana – ¿Qué os han hecho?
– Cyrano – El destino es traidor.
Yo que siempre tuve
la espada a mi favor.
Resulta que me matan
en un encontronazo
¡a traición! Unos
canallas, de un leñazo.
Muy bien.
He fallado en todo,
¡hasta en mi muerte!

– Ragueneau – ¡Señor!
– Cyrano – Ragueneau, no llores tan fuerte.
– Ragueneau – Id a buscar ayuda.
– Cyrano – No, ya no me queda aliento.
Dejad que se consuma
mi último lamento.
¿A qué te dedicas ahora,
si se puede saber?
¿Ya no eres pastelero?
– Ragueneau – No.
Trabajo con Molière.
Mis amigos me arruinaron.
– Cyrano – Y tu mujer te dejó. ¡Molière!
¿Qué haces con ese gran autor?
– Ragueneau – Enciendo las velas.
Mañana me despido.
Sí, estoy indignado.
Ayer, el muy bandido, os robó
una escena en su Scapin.
– Cyrano – ¡Entera!
– Ragueneau – Sí aquella que dice…
…”Esta fría ventolera”…
Molière te la ha robado.
– Cyrano – Bien hecho.
¿La escena ha dejado
al público satisfecho?
– Ragueneau – Sí señor, todos reían.

– Cyrano – Así es mi vida, he sido el inventor
de todo y el que todos olvidan.
¿Recordáis la noche en que
Christian os hablaba bajo el balcón?
Mi voluntad ha sido una esclava.
Mientras yo estaba abajo,
escondido entre la escoria
otros subían a recoger
el beso de la gloria.
No me quejo, lo apruebo
ante el todopoderoso:
Molière es un genio
y Christian… ¡era hermoso!

– Roxana – ¡Hermanas, hermanas, venid!
– Cyrano – No, que recen la novena.
Que rueguen al Señor
mientras mi campana suena.
– Roxana – ¡He sido vuestra desgracia! Yo.

– Cyrano – ¿Vos?
¡Al contrario!
Desconocía la dulzura femenina.
Mi madre jamás me encontró guapo.
No tuve hermanas.
Y las mujeres me
han hecho bromas inhumanas.
Os debo el haber tenido una amiga.
Gracias a vos, en
mi corazón hay una espiga.

– Roxana – ¡Os amo! ¡Vivid!

– Cyrano – Es demasiado tarde, prima.
Voy a subir allí, a la luna opalina.
Más de un alma noble
hallaré en mi paseo.
Encontraré a Sócrates y a Galileo.
Filósofo, poeta
espadachín y dramático
y músico y también matemático.
Con su nariz y su espada
amó mucho. No por su bien.
Aquí yace Hércules Savinien
de Cyrano de Bergerac.
Lo hizo todo
y no hizo nada.

– Cyrano – Pero ahora me voy, perdón
no puedo hacer esperar
al rayo de luna
que me viene a buscar.
¡No me sostengáis, no!
¡Sólo los árboles!
Ahí llega
me siento ya entre los mármoles,
forrado de plomo.

Puesto que el fin es tan cercano, iré a
buscarlo con la espada en la mano.

– Cyrano – ¿Qué decís? ¿Que es inútil?
Ya lo sé.
Esta vez me bato sin saber por qué.
Es más bello romper
inútiles valladares.
¿Quiénes son todos esos?
Sois millares.
Ahora os reconozco. Sois mis viejos
enemigos que me lanzáis avisos…
La mentira, la cobardía,
¡los compromisos!
Ya sé que finalmente
conmigo vais a acabar.
No importa,
¡a luchar, a luchar, a luchar!

– Cyrano – Sí, todo me lo quitaréis,
el laurel y la rosa.
Lleváoslos
pero me queda una cosa
que me llevo.
Cuando entre en la casa de Dios
brillará intensamente
mientras diga mi adiós
algo que inmaculado, meceré
en un arrullo y me
lo llevaré para siempre
Y es…
– Roxana – ¿Qué es?
– Cyrano – Mi orgullo. (Muere)

Cyrano de Bergerac

Edmond Rostandt


Crepusculos

Poema 18

Aquí te amo.
En los oscuros pinos se desenreda el viento.
Fosforece la luna sobre las aguas errantes.
Andan días iguales persiguiéndose.

Se desciñe la niebla en danzantes figuras.
Una gaviota de plata se descuelga del ocaso.
A veces una vela. Altas, altas estrellas.

O la cruz negra de un barco.
Solo.
A veces amanezco, y hasta mi alma está húmeda.
Suena, resuena el mar lejano.
Este es un puerto.
Aquí te amo.

Aquí te amo y en vano te oculta el horizonte.
Te estoy amando aún entre estas frías cosas.
A veces van mis besos en esos barcos graves,
que corren por el mar hacia donde no llegan.

Ya me veo olvidado como estas viejas anclas.
Son más tristes los muelles cuando atraca la tarde.
Se fatiga mi vida inútilmente hambrienta.
Amo lo que no tengo. Estás tú tan distante.

Mi hastío forcejea con los lentos crepúsculos.
Pero la noche llega y comienza a cantarme.
La luna hace girar su rodaje de sueño.

Me miran con tus ojos las estrellas más grandes.
Y como yo te amo, los pinos en el viento,
quieren cantar tu nombre con sus hojas de alambre.

Pablo Neruda

 


Dedicatoria

Aun faltan dos rondas para acabar el torneo de ajedrez que estoy jugando ahora mismo, sin embargo el objetivo del torneo ya lo he cumplido, he logrado un bloque de puntos para el ranking internacional: voy a ser internacional!! O dicho de otro modo, voy a ser un jugador de verdad por fin 🙂
Quiero dedicar este logro, asi como todas mis victorias que ya una vez le dedique, a mi queridisima Toya, que siguio creyendo en mi cuando yo mismo estaba empezando a dejar de hacerlo; gracias a sus palabras y su apoyo segui entrenando y jugando, y ahora ese trabajo empieza a dar sus frutos, por eso este logro es tan suyo como mio.

Para ti, Toya, con todo mi amor….

RIMA XVII

Hoy la tierra y los cielos me sonríen;
hoy llega al fondo de mi alma el sol;
hoy la he visto.., la he visto y me ha mirado…
¡Hoy creo en Dios!

Gustavo Adolfo Becquer