El lamento de Dor-lómin

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simientes…

simientes

Te veo como un temblor…

Te veo como un temblor
en el agua.
Te vas,
te venís,
y dejás anillos en mi imaginación.

Cuando estoy con vos
quisiera tener varios yo,
invadir el aire que respiras,
transformarme en un amor caliente
para que me sudés
y poder entrar y salir de vos.

Acariciarte cerebralmente
o meterme en tu corazón y explotar
con cada uno de tus latidos.

Sembrarte como un gran árbol en mi cuerpo
y cuidar de tus hojas y tu tronco,
darte mi sangre de savia
y convertirme en tierra para vos.

Siento un aliento cosquilloso
cuando estamos juntos,
quisiera convertirme en risa,
llena de gozo,
retozar en playas de ternuras
recién descubiertas,
pero que siempre presentí,
amarte, amarte
hasta que todo se nos olvide
y no sepamos quién es quién.

Gioconda Belli

 

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lienzos…

lienzosÉxtasis

Lienzo embebido en ti
es ahora mi cuerpo,
del todo desasido
y sin otra envoltura que tu imagen.
En mí te llevo como si cargara
sobrecogida sangre.
Sales de ti
hacia el encuentro, génesis reciente,
y yo bebo y respiro
tu exhalación, la rama de tu gozo.
Allí donde se forma
el color de tus brazos enlazados
gira el anillo impar que me contiene.
Nadie me busque, nadie.
Soy tu vigilia,
me disuelvo, pequeña,
en la dulzura que tu pecho emana.
Soy tu sombra y la mía,
soy un desprendimiento de ti mismo.
Allí donde comienza
esa felicidad sufriente y bella,
voy a tu encuentro.
Me despojo de mí
con un sacudimiento
de aterrados manzanos.
Puedo en amor morir que seguiría
recorriendo la tierra con tus pasos,
en tus manos ahogada.

María Granata

 


ritos iniciáticos…

ritos iniciaticosIniciación

Estoy creciendo de la nada.
Mis ojos tantean
la claridad difusa
mis manos
se posan y tantean
abro agujeros
mi cuerpo agujeros
en el cielo agujeros
tanteo las estrellas
agujeros que llueven
y es dolor
y el dolor penetra
mi cuerpo tantea
el dolor tal vez
el gozo
indaga
descubre el mí
mi boca dice
vuelvo sobre mí
misma y tanteo
¡es tanta la ceguera!
cierro los ojos
lo cierro todo
y de repente me abro
veo
veo lo que no hay
veo
estoy creciendo de la nada.

Chantal Maillard

 


princesas…

princesasDe «La princesa»

Ven al valle, ¡oh doncella! , desde lejanas cumbres:
¿qué gozo hay en la altura -el pastor le cantaba-,
en la altura y el frío, esplendor de los montes?
Deja ya de moverte tan cerca de los cielos
y no resbale el sol en castigado pino,
ni se pose una estrella en la torre brillante;
y ven, pues el Amor es del valle, es del valle
el Amor: ya tus cumbres abandona y, llegándote,
lo hallarás junto a umbrales venturosos, él mismo,
o bien con la Abundancia, de la mano, en maizales,
o rojo de la púrpura que en los lagares surte,
o como una raposa en las viñas; no gusta
de andar sobre los cuernos de plata con la Muerte
y el Día, ni podrías apresarlo en el blanco
barranco, ni encontrarlo en bahías de hielo,
que, apretadas, se inclinan en surcados declives,
desviando al torrente de las puertas oscuras.
Ven conmigo. El torrente te deslice, bailando,
para hallarlo en el valle; deja que las salvajes
águilas, de delgada cabeza, chillen solas,
y deja que se inclinen los monstruosos riscos,
esparciendo mil trémulas guirnaldas de agua y humo,
que, cual roto designio, por el aire se pierden.
No quieras tú perderte. Ven conmigo. Los valles
te esperan. Los azules pilares de la lumbre
para ti se levantan; gritan niños y tañe
tu pastor la zampoña y todo son es dulce
y más dulce tu voz y dulces los rumores:
mil arroyos, corriendo hacia los verdes prados,
el gemir de palomas en los olmos añosos
y aquel leve murmullo de innúmeras abejas.

Alfred Tennyson
Versión de Màrie Manent

 


heridas…

heridasEnamorada

Hiéreme. No me importa.
Duéleme en todo lo mío;
en mi sangre y mi alma,
en mi corazón y en mis pensamientos.
Dame un hondo dolor
si no puedes darme un perdurable gozo.
¡Está en mí como sea!
Mi vida va bordeando tus orillas
como un río profundo, como un río
sin nacimiento y sin muerte,
dilatado en tus márgenes, sujeto
al cauce que le des…

Susana March

 


humedades…

humedadesA ti viva

                                    “Es tocar el cielo, poner el dedo
                                    sobre un cuerpo humano.”
                                    Novalis

Cuando contemplo tu cuerpo extendido
como un río que nunca acaba de pasar,
como un claro espejo donde cantan las aves,
donde es un gozo sentir el día cómo amanece.

cuando miro a tus ojos, profunda muerte o vida
que me llama,
canción de un fondo que sólo sospecho;
cuando veo tu forma, tu frente serena,
piedra luciente en que mis besos destellan,
como esas rocas que reflejan un sol que nunca se hunde.

Cuando acerco mis labios a esa música incierta,
a ese rumor de los siempre juvenil,
del ardor de la tierra que canta entre lo verde,
cuerpo que húmedo siempre resbalaría
como un amor feliz que escapa y vuelve…

Siento el mundo rodar bajo mis pies,
rodar ligero con siempre capacidad de estrella,
con esa alegre generosidad del lucero
que ni siquiera pide un mar en que doblarse.

Todo es sorpresa. El mundo destellando
siente que un mar de pronto está desnudo, trémulo,
que es ese pecho enfebrecido y ávido
que sólo pide el brillo de la luz.

La creación riela. La dicha sosegada
transcurre como un placer que nunca llega al colmo,
como esa rápida ascensión del amor
donde el viento se ciñe a las frentes más ciegas.

Mirar tu cuerpo sin más luz que la tuya,
que esa cercana música que concierta a las aves,
a las aguas, al bosque, a ese ligado latido
de este mundo absoluto que siento ahora en los labios.

Vicente Aleixandre

 


ofrendas…

ofrendas

 

Amor

Ofrecimiento.

Acércate.
Junto a la noche te espero.
Nádame.

Fuentes profundas y frías
avivan mi corriente.

Mira qué puras son mis charcas.
¡Qué gozo el de mi yelo!

Carmen Conde