El lamento de Dor-lómin

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Paseo a la luz de la luna (poema original)

Nademos hasta la luna,
subamos a través de la marea
penetremos la noche,
en que la ciudad duerme para ocultarse
nademos esta noche, amor ;
es nuestra ocasion de intentarlo,
aparcados junto al oceano,
en nuestro paseo a la luz de la luna.

Nademos hasta la luna,
subamos a través de la marea,
rindámonos a los mundos expectantes,
que lamen nuestro costado.
No queda nada pendiente
y no hay tiempo para decidir
nos hemos metido en un río,
en nuestro viaje a la luz de la luna.

Nademos hasta la luna,
subamos a través de la marea,
tu extiendes tu mano para cogerme,
pero yo no puedo ser tu guía
es fácil amarte, cuándo te miro volar,
cayendo entre húmedos bosques
en nuestro paseo a la luz de la luna.

Jim Morrison

 

 


batallas

batallas

Amantes

Ascendente marea creciendo en lenta fiebre
los amantes se buscan y enlazan dulcemente,
como árboles que avanzan,
cumpliendo su destino de incendiada epidermis.
De pie son dos espadas que luchan tercamente
por distraer la muerte,
tendidos son dos ríos fluyendo hacia el instante
que anula la sellada consigna del olvido.

Y si el mundo, impaciente,
se sale de sus goznes, estalla o se disuelve,
los amantes lo ignoran, apenas necesitan
el canto de su sangre,
su vida recobrada en húmedas batallas
y las pequeñas muertes en cada despedida.

Flor Alba Uribe

 


Eros y Tánatos…

Eros y Tanatos

El eros de la muerte

Crueldad, quiero tu lengua, tu inteligencia oculta
de perversión feroz y a la deriva,
contaminada en las maquinaciones
del placer que enmudece, despertando
la insidia y el peligro de tu experiencia única.

Qué enjambre de caricias en el nudo
con el que aún reclamas la posesión suprema.
Seguir, merodear de forma subrepticia
hasta ir descubriendo este delirio
atroz que se enardece por entrar y expandirse
en el fuego del daño y el desmayo.

Impaciente deseo tu cuerpo cenagoso,
maduro como el vicio que a sí mismo corrompe
con su olor a azahares ultrajados,
a estrellas que en el vino se disuelven.
En él presiento el odio que palpita
en su voltaje oscuro de noche y de marea,
por alcanzar la sangre, cuando el beso
insaciable la busca y la aniquila.

Ah, sombría violencia fascinada,
que encuentras tu destino en la tensión mortal
con que dos cuerpos duros se engastan, se penetran
hasta la raíz misma de sus limos,
allí donde la furia es la pasión
y el miedo de no ser el fulgor de la muerte.

Justo Jorge Padrón