El lamento de Dor-lómin

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Paseo a la luz de la luna (poema original)

Nademos hasta la luna,
subamos a través de la marea
penetremos la noche,
en que la ciudad duerme para ocultarse
nademos esta noche, amor ;
es nuestra ocasion de intentarlo,
aparcados junto al oceano,
en nuestro paseo a la luz de la luna.

Nademos hasta la luna,
subamos a través de la marea,
rindámonos a los mundos expectantes,
que lamen nuestro costado.
No queda nada pendiente
y no hay tiempo para decidir
nos hemos metido en un río,
en nuestro viaje a la luz de la luna.

Nademos hasta la luna,
subamos a través de la marea,
tu extiendes tu mano para cogerme,
pero yo no puedo ser tu guía
es fácil amarte, cuándo te miro volar,
cayendo entre húmedos bosques
en nuestro paseo a la luz de la luna.

Jim Morrison

 

 

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armonías…

armonias.jpg

Sólo yo

Se van muriendo tus palabras,
el viaje termina sin tu voz.

¡Sólo yo!
¡En el peñón altivo de tu alma,
en el silencio grande de tu alma,
¡Sólo yo!

Tu mano cruza por el aire y deja
vorágines de amor en la Creación,
luego hiere la piel de mis tejidos
con abatidos tonos
de una Escala Menor.

¡Sólo yo!
Sobre la cresta hermosa de tu imagen,
¡sólo yo!

¡Yo, nada más!
¡Nada más yo!
Vibrando en el alma de tus cosas,
rodando sobre el eje de tu mente,
creciendo en el abdomen de tu sombra
y amando el blanco mármol de tu frente.

¡Yo, nada más!
en la armonía de tu canción.
Enloquecido en el vaivén de tu alma,
¡sólo yo!

Dentro de todo lo que huele a ti,
cubriendo todo lo que sabe a ti,
dentro de cada letra que te busca
como un clavel que escribe sin saberlo;
¡sólo yo!

Humberto Garza

 

 


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Melancolía

Es otoño. Estoy solo. Pienso en ti. Caen las hojas…
Vaga la melodía de una pena que ignoro.
El viento, que estremece marchitadas congojas,
pasa como un recuerdo por el bosque sonoro.

Es otoño. Parece que un ensueño renuncia,
que un desencanto esparce las efímeras galas…
Una dorada pompa que a la muerte renuncia,
con el paisaje mustio forma una lluvia de alas.

Estoy solo. Se siente que el otoño es un viaje…
Hay un alma que llora porque alguien se despide.
Este ocaso de plantas que enrojece el paisaje,
con mi desalentada serenidad coincide.

Pienso en ti, oyendo un canto perdido en lontananza.
Cantan las cosas muertas, la música del vuelo.
Como mi amor caído conserva su esperanza,
la floresta marchita quiere subir al cielo.

Caen las hojas. La selva trágica se derrumba.
Desparrámase un sauce cual generosa fuente.
Las hojas más diversas tienen la misma tumba,
y entremezcladas ruedan en un mismo torrente.

Tú eres como una brisa por mi huerto sonoro.
Mi vida es una rama que, a tu paso, deshojas;
y que tendrá a los vientos un destino que ignoro.
Es otoño. Estoy solo. Pienso en ti. Caen las hojas…

Pedro Miguel Obligado
Argentina, 1898 – 1967