El lamento de Dor-lómin

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ruidos…

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Marina

Surgías como hada en el silencio
de mi deseo amargo,
tu piel iridiscente semejaba
divina flor de mayo.
Mis ojos perseguían tu mirada
y el rumor de tus labios;
rompía los hechizos de la noche
con amorosos cantos.

La fiesta de las rosas perfumaba
tus adorables manos,
llegaba una brisa de nostalgias
hasta tus ojos claros.
Marina, las cosas te adornaban
como la hierba al campo,
yo buscaba caer en la prisión
de tus lejanos brazos.

Mi voz acompañaba la tiniebla
por entre candelabros
que después el proscenio revelaba
tan sólo eran retablos.
Duele saber, amiga, que las aguas
de ese bullente océano,
han dejado el salitre de tu cuerpo
en mis ardientes labios.

Seremos cual estrellas yuxtapuestas
por un dictado extraño,
hablando de cosas inconcretas
un lenguaje raro.
Tú, llenando de magia y transparencia
este universo largo,
yo, buscando llegar a tus oídos
con mi ruido de pájaros.

Humberto Garza

 


bacanales…

bacanales

Orgía

                                                 “¡Oh! que n’ai-je aussi, moi, des baissers qui dévorent
                                                                                             des caresses qui font mourir….”       
                                                                                                                                             V. Hugo.

¡Ven, cortesana…! ¡Abrásame en delicias!
Quiero las tempestades del placer,
tropicales, frenéticas caricias
con que reanime mi cansado ser.

El fuego del deleite reverbera
en tu pupila brilladora… ¡ven!
En la férvida llama de esa hoguera
quiero quemarme el corazón también.

¡Prendan el fuego del deseo tus ojos,
alumbren tus miradas el festín,
mis labios beban en tus labios rojos
ansia perpetua de placer sin fin!

Del bacanal en el discorde ruido
pase el mañana con el triste ayer…
¿Qué importa al corazón lo que hayas sido…?
Eres hermosa… ¡bésame, mujer!

Beldad de los festines, en tu seno
quizá mi corazón olvidaré,
mi corazón de tempestades lleno,
el corazón imbécil con que amé.

Sí, ¡bésame, mujer…! Dame el olvido
que busco en la demencia del festín,
entre besos y copas, aturdido…
¿Qué me importa la dicha que perdí?

¡Llenad las copas, que desborde el vino!
¡Hay algo aquí que necesito ahogar;
que pase por el alma un torbellino
y barra en ella cuanto en ella hay!

¡Miserable de mí! ¿Cómo no puedo
ahogarte con mis manos, corazón…?
Venid, bebamos, porque tengo miedo
de volver a eso… que llamáis razón.

¡Bebed, amigos! La existencia es sueño,
y mentira de un sueño es la mujer,
de sus caricias al letal beleño
soñemos la mentira del placer.

¡Bebed, amigos! Si al vivir soñamos,
¿despertaremos al morir quizá…?
¿Qué será despertar…? Y bien… ¡bebamos…!
¡Qué importa lo que traiga el más allá…!

Arde mi frente -es un volcán- ¡me abraso!
¡Oh, si llegara de mi vida el fin…!
¡Dame un beso, mujer…! ¡Llenad mi vaso…!
¡Qué grato es el arrullo de un festín…!

Llena, Mercedes, la apurada copa;
bebamos… hasta el fin… así… vacía.
Y ahora… ¡desgarra la importuna ropa,
desnuda el seno al beso de la orgía.

Mitiga de esa lámpara, la llama,
porque quiere un crepúsculo el placer,
el misterio nupcial que se derrama
del velo de la sombra en la mujer.

Destrenza tu magnífico cabello
sobre la desnudez de tus hechizos;
¡cómo seducen en contraste bello
tan blancos hombros y tan negros rizos!

¡Qué bella estás, Mercedes! ¡Me sofoca
el vértigo letal de las delicias,
tus besos de mujer queman mi boca,
la angustia del placer son tus caricias!

¡Mujer, mujer…! ¡Hay fiebre en tus abrazos,
fiebre en tus labios con furor impresos…
¡Hurra… la orgía…! ¡El choque de los vasos
sea la música ardiente de los besos!

Basta… pasó. Tu frenesí y el mío
apaga el tedio con su mano helada;
fantasma del placer, en el hastío
escondes la vergüenza de tu nada.

Siempre en la copa del placer el tedio,
siempre en la copa del amor el duelo;
para el alma ya enferma no hay remedio,
para un maldito corazón no hay cielo.

Y en vano el llanto con la pena crece…
¿De qué sirven las lágrimas mezquinas
si el recuerdo verdugo se guarece
del roto corazón en las ruinas…?

¿De qué sirve el amor, chispa que el cielo
prende en el alma y lo ilumina todo,
si en vez de alzarse se rebaja el suelo
como reptil para arrastrarse en lodo?

Manuel María Flores

 


Hechicerías…

hechicerias

A una dama

Bailas por antojo que al mancebo engríe;
y “escotada” luces dos hechizos fuera,
y en el rubio monte de tu cabellera
una flor de grana bruscamente ríe.

¡Pasas, huyes, tornas y el placer deslíe
fósforo combusto que te pinta ojera,
y tu maridazo mira errar la hoguera
y nada barrunta que le contraríe!

¡Y en el rubio monte de tu cabellera
una flor de grana bruscamente ríe!

Salvador Díaz Mirón