El lamento de Dor-lómin

convergencias…

convergenciasEncuentros

Nuestros encuentros no tienen mundo.
Se hacen
de pensamiento a pensamiento
en el éter
o en la vivacidad de los sepulcros,
a mil insectos por centímetro.

Nuestros encuentros se sirven
de microorganismos
y partículas de cobre.

Podemos esperar mil años, y aún más.
Nuestros encuentros se realizan en el Iodo
o entre el rumor de herraduras y lienzos
que precede
a las grandes migraciones:

Nuestros encuentros se hacen
en el ser instantáneo
que pasta y muere,
-como pastor y bestia-
entre surcos y siglos paralelos.

Nuestros encuentros no tienen
número ni punto.

César Dávila Andrade

 

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4 comentarios

  1. Gatita de Mitxel

    Sin embargo tienen dedos,
    acarician desde la mente
    y hacia dentro.
    Enroscados como besos
    grilletes de miradas,
    letras,
    de silencios…
    Sin embargo tienen vida propia
    son encuentros
    hasta en desencuentros,
    cuando llegas y me nombras
    y yo te siento sin oírte.
    Sin embargo se suceden
    como filas de orgasmos arqueados
    que repiten como sueños
    profecías de carne venidera.
    Sí…
    Nuestros encuentros no tienen
    número ni punto.
    Y con todo existen.
    Y son nuestros, sólo nuestros… ❤ ❤ ❤

    Le gusta a 1 persona

    8 octubre, 2015 en 18:32

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