El lamento de Dor-lómin

perversiones…

perversionesLa noche de la perversión

El caracol del ansia, ansiosamente
se adhirió a las pupilas, y una especie de muerte
a latigazos creó lo inesperado.
A pausas de veneno, la desdichada flor de la miseria
nos penetró en el alma, dulcemente,
con esa lenta furia de quien sabe lo que hace.

Flor de la perversión, noche perfecta,
tantas veces deseable maravilla y tormenta.
Noche de una piedad que helaba nuestros labios.
Noche de a ciencia cierta saber por qué se ama.
Noche de ahogarme siempre en tu ola de miedo.
Noche de ahogarte siempre en mi sordo desvelo.

Noche de una lujuria de torpes niños locos.
Noche de asesinatos y sólo suave sangre.
Noche de uñas y dientes, mentes de calorfrío.
Noches de no oír nada y ser todo, imperfectos.
Hermosa y santa noche de crueles bestezuelas.

Y el caracol del ansia, obsesionante,
mataba las pupilas, y mil odiosas muertes
a golpes de milagro crearon lo más sagrado.
Fue una noche de espanto, la noche de los diablos.
Noche de corazones pobres y enloquecidos,
de espinas en los dedos y agua hirviendo en los labios.
Noche de fango y miel, de alcohol y de belleza,
de sudor como llanto y llanto como espejos.
Noche de ser dos frutos en su plena amargura:
frutos que, estremecidos, se exprimían a sí mismos.

Yo no recuerdo, amada, en qué instante de fuego
la noche fue muriendo en tus brazos de oro.
La tibia sombra huyó de tu aplastado pecho,
y eras una guitarra bellamente marchita.
Los cuchillos de frío segaron las penumbras
Y en tu vientre de plata se hizo la luz del alba.

Efraín Huerta

 

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2 comentarios

  1. Gatita de Mitxel

    Si dicen que darse la vuelta y desvelar el dulce vientre es pecado de inconsciencia…
    Si dicen que en las palabras está el vestido que protege la garganta expuesta…
    Si dicen que no es posible quitarse la piel y estar aún más desnudo…

    Entonces ni oyen ni ven ni han vivido…

    Abrir la puerta al enloquecido cancerbero para que se afile los colmillos en nuestros huesos de miel y dejar que todas las flores que alguna vez fueron se deshojen y deshagan, eso es respirar hasta los pies el último aliento que uno guarda.

    Deshazme, mi Dueño, en perversas y dulces noches hasta que el cuchillo del alba separe huesos, piel y carne…

    Yo sonrío. Y espero. Tú mandas…

    Le gusta a 1 persona

    24 enero, 2015 en 13:08

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