El lamento de Dor-lómin

enseñanzas…

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A Ruth

Mujer de viento,
permite que la playa de tu oído
recoja el mar de mis palabras.

He de enseñarte a amar lo que yo amo
y has de aprender a amarte toda tú:
He de romper lo unido a la costumbre
para que tu sed conquiste calma.

Ya te hundiste en el agua
y vives, como océano,
ciñendo el continente de mi torso.
¿Ves el reflejo de la sal en los esteros?
He aquí que tu mirada dulcifica.

Estela es tu nombre.
En mí la dejas como un vasto ámbito de espuma
o una turbia primavera aflorando hasta la piel.
¡Ah, la tierna región que ahora me señalas!

Recoge de mi antorcha el fuego suficiente
para quemar la casa de tus padres.

Corazón de designios amables,
acaricia mi esperanza arrodillada.
Te invoco, mujer:
siente la savia de mi voz;
te imploro, imagen alta abierta a mi resguardo.

Abanico del aire, tócame.
Cabellera del fuego, incéndiame.
Ánfora de la alegría, sáciame.
Señora de la luz, concédeme la sombra.

Jaime Labastida
de “El descenso” 1960

 

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4 comentarios

  1. Gatita de Mitxel

    No puedo verme a mí misma,
    pero sé,
    con la conciencia del reflejo de tinta,
    que sonrío con todo el mundo en mis labios.

    Más que espuma,
    que olas o manos,
    soy tu piel,
    cada uno de tus pliegues,
    y el rumor que contesta
    a cada una de tus letras
    con tres palabras luminosas.

    Sí, mi amor.
    Sí, mi Dueño.

    Siempre.

    Le gusta a 1 persona

    31 diciembre, 2014 en 16:06

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